Drácula


Por mucho que los británicos hayan elegido soltar amarras con Europa, a este otro lado del canal seguirán siendo un referente sus ficciones pasadas, presentes y esperemos que las futuras que sobrevivan a la etapa de recortes en la BBC. Una de las últimas aportaciones audiovisuales de la cadena pública inglesa es una nueva revisión de Drácula acometida por los creadores de la brillante Sherlock, una recreación libre de la novela gótica en tres capítulos de hora y media cada uno.

Ese conde seductor y sediento interpretado por Claes Bang, esa presencia que se esconde en cada esquina del castillo, rinde homenaje a todos los vampiros que le han precedido en la pantalla y se acerca, como hizo Holmes, a un lenguaje actual. Guarda la serie un equilibrio entre el miedo paralizante que infunde este no-muerto ávido de sangre fresca y el humor que destilan muchas de sus frases. «Somos lo que comemos», afirma, consciente de que la importancia de ingerir buenos nutrientes es un requisito transversal. La historia se narra a través de la entrevista a un abogado que ha sido víctima del monstruo por parte de una inquisitiva monja, que lo interroga para buscar en el mal pruebas irrefutables de la existencia de Dios. Su personaje está entre lo mejor de una serie a la que, sabiendo de antemano que ofrece una visión del clásico distinta, imperfecta e histriónica, merece la pena hincar el diente.

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