El amor en los tiempos del coronavirus


En Cartagena de Indias, entre el calor y la humedad, se siente también sobre las palabras el poso que ha dejado la enceguecedora obra de Gabriel García Márquez. Antes estaba La vorágine, de José Eustasio Rivera, que a mí me entusiasma, y de México llegaba el Pedro Páramo que había escrito un fotógrafo llamado Juan Rulfo. Pero Gabo descubría un mundo disparatado y tierno, que además era verdad. El de Esteban, el ahogado más guapo del mundo, por ejemplo, o el de los ángeles caídos que, como hubieran recomendado Álvaro Cunqueiro o Italo Calvino, son encerrados en los gallineros. O el del rastro de tu sangre en la nieve, la historia de un joven recién casado que se ve abocado en París a comer huevos duros. En Cartagena se desarrolla la novela El amor en los tiempos del cólera, una obra deslumbrante. Y allí, en el Hay Festival, hubo quien dijo la semana pasada que la obra del Nobel colombiano que será recordada dentro de doscientos años era El coronel no tiene quién le escriba. Sergio Vila-Sanjuan contaba que del escritor, en sus tiempos de publicista, es el eslogan «Para pan, pan Bimbo». Una obra maestra de la concisión. Los turistas en Cartagena llevan camisetas con el mensaje «No es Columbia, es Colombia», que tampoco está mal.

Pero no todo es Gabo, claro. También están Santiago Gamboa -que hace cuatro días pasó por A Coruña para hablar de su libro-, Hector Abad Falciolince, Margarita García Robayo y Melba Ecobar, por poner algún ejemplo. Escritores que tienen lectores entregados, como yo.

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