Cansados de vivir


Mientras cuatro presidentes de colegios médicos caricaturizaban el argumento de la pendiente resbaladiza en un artículo publicado en El País, en un ejercicio claramente imprudente e impropio de sus responsabilidades públicas, la realidad, que es muy tozuda, viene a poner de manifiesto la inconsistencia y la falta de rigor de sus afirmaciones. Y es que la buena bioética comienza con buenos datos, como tantas veces me han escuchado mis alumnos.

Cuando en los Países Bajos se comienza a admitir -vía jurisprudencial- en la década de 1990 la eutanasia, esta comprendía exclusivamente la petición de los enfermos terminales, con grave sufrimiento y mayores de edad. Cuando por fin se legisla sobre dicha práctica, en el año 2002, los supuestos admitidos se amplían y comprenden a partir de entonces también a las personas con una enfermedad crónica, grave, sin esperanzas de mejora y que provoca un sufrimiento insoportable, así como a los menores de edad (desde los 12 años se puede pedir la eutanasia, desde los 16 incluso sin el consentimiento de los padres). Ya se aplica también a los bebés de menos de un año que, a juicio de médicos y progenitores, vayan a tener una calidad de vida muy pobre. Más adelante vino la aceptación del sufrimiento psíquico, y así ya conocemos varios casos de adultos jóvenes con depresión severa a los que se les ha practicado la eutanasia. Ahora viene la llamada «píldora Drion», una pastilla para que los mayores de 70 años cansados de vivir puedan suicidarse sin complicaciones, aunque no tengan enfermedad alguna: la idea no es nueva, parecía olvidada en el baúl de los recuerdos, pero ha sido retomada ahora y parece que el gobierno de ese país quiere aprobarla antes de final de año. Si esto no es lo que pronosticaba el argumento de la pendiente resbaladiza, que venga Dios y lo vea.

¿A dónde nos lleva todo esto? ¿Qué clase de sociedad queremos construir entre todos? Es ilusorio pensar que una ley española sobre esta materia, por muy garantista y restrictiva que sea, no vaya a desembocar en ese escenario. Soy consciente de que la suerte está echada y de que España tendrá eutanasia y suicidio médicamente asistido, seguramente antes del verano. El día que se apruebe yo me consolaré leyendo La espera y la esperanza, de Laín Entralgo; y me ratificaré en mi compromiso de acoger y acompañar en la etapa final de su vida a aquellos enfermos que así me lo pidan.

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