Sergio, el frutero: hipocondría, suéltame

César Casal González
César Casal CORAZONADAS

OPINIÓN

Susanna Sáez

21 ene 2020 . Actualizado a las 08:23 h.

Vives a tres kilómetros de un polígono. Cierto es que en esas instalaciones industriales hay empresas petroquímicas. Pero estás en el siglo XXI y supones que las medidas de seguridad existen. No te asalta el miedo ni la congoja por un suceso que derive de allí. Sergio, el frutero que perdió su vida de golpe, tal vez nunca pensó en esa posibilidad. ¿Quién en su sano juicio puede creerse que una plancha metálica va a salir volando a una velocidad que, según expertos, pudo superar los trescientos o los quinientos kilómetros por hora para golpear el tercer piso de un edificio que estaba a tres mil metros? Ese vuelo impactó en un piso vacío y provocó que el suelo de ese inmueble se desplomase sobre Sergio, ese hombre recién jubilado al que todo el barrio seguía conociendo por su maña para elegir la fruta más madura. Unos instantes antes hizo otro tipo de elección, la elección de su vida, nunca mejor dicho, sin saberlo: pudo salir con su mujer a pasear a la nieta o quedarse a descansar en el salón. Se quedó a morir en el salón por el impacto brutal de ese bólido que cruzó como una lanza mortal el cielo. Moraleja dirigida a todos los compañeros hipocondríacos. Alejémonos de obsesiones, del peligroso doctor Google, de rutinas que creemos que nos mantienen a salvo. De creer que ese dolor en el costado es mucho más que un dolor pasajero en el costado. De convencernos que no llegaremos a febrero. Nadie se libra del dicho: todas las horas hieren y la última mata. Nunca sabemos con certeza cuándo será la última. Santa Teresa de la Cruz lo puso por escrito: «Nada te turbe. Nada te espante. Todo se pasa». Láncense a vivir. Solo tenemos el presente, ese regalo.