La culpa no es de Dostoyevski


Nadie escribió más y mejor sobre la culpa que Fiódor Dostoyevski. El genio ruso, perito en el arte de los interiores, cargaba a sus personajes más célebres con la herida de la culpa. Crimen y castigo, Los hermanos Karamazov y El jugador, son paradigmas en el arte de retratar la culpabilidad. Alexei, el jugador, es el personaje que eleva la culpa a ontología: un argumento metafísico. Incluso la reconvierte en materia lírica, la cubre con paños de excelencia, y hace del exceso un chafariz de luz y luces. La culpa en Dostoyevski requeriría una reflexión que excedería el espacio de esta columna. Dostoyevski es fuente inagotable. Virginia Woolf se preguntaba si merecería la pena leer a alguien más que al maestro. Yo, lo mismo. Todo está en él. Y él, Él, todo nos lo explica. Incluso estos malos tiempos políticos, que van de culpa en culpa y siempre arriban al mismo lugar: la culpa es del PP.

Digo esto porque lo inverosímil domina la realidad. No dejo de encontrar votantes del PSOE que, aparentemente descontentos con los pactos, arguyen con elocuencia: la culpa fue del PP. Por no pactar, o por dejar que pactasen, o porque Casado no se ató a la puerta de la Moncloa con una candado de siete llaves. Lo dicen sin ser conscientes de que 48 horas después de las elecciones Podemos y PSOE firmaron contrato. Lo dicen para preparar el futuro. Quizá porque hasta ellos saben que los cien días de cortesía que hay que darle a cualquier gobierno con este serán, como la sombra de los cipreses, alargados. Sin embargo, se les llena la boca con una sentencia que ha conquistado España desde los tiempos de la guerra de Irak y la Gürtel, y reitero: la culpa es del PP. Tienen a Tezanos, todavía, y ocupando la fiscalía general a la exministra de Justicia, que hace dos días daba mítines enardecidos contra la derecha. Y a Iglesias y Montero, matrimonio anticasta. A los independentistas cercenándoles la respiración. Y a algunos, exaltados: por eso votan Vox, la obra maestra de Sánchez, repito. Pero la culpa es del PP. La crispación, también. Porque la izquierda, aquella de «rodea el congreso» nunca crispa. Yo, si fuese un jerarca del PSOE, convocaría una manifestación contra la crispación y el hambre y la opresión y por la democracia y por la libertad y contra la religión (católica, obviamente). Porque la culpa no es de Dostoyevski. Es del PP.

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