Las últimas jedi


Hay una perturbación en la fuerza. Una interferencia suave, casi imposible de percibir. Un sonido de fondo del que una solo es consciente cuando deja de existir. Son tiempos interesantes estos que nos han tocado vivir. La libertad se ha convertido en hacer eso por lo que te pagan. El sexismo más recalcitrante se quita la capa, enseña un corsé y pinta de liberación un atuendo que no es más que una cárcel dorada. La parte oscura de la fuerza, que con un vestido con la forma de su culo se siente muy empoderada. Y su compañero, a su lado, vestido con un elegante traje negro. Bien abrigado para dar las campanadas. Cree que tiene una voz poderosa, pero su voz también está encorsetada. Porque de lo que habla todo el mundo no es de su alegato contra la violencia machista, sino de que lo enseñaba todo sin enseñar nada. Un trozo de carne envuelto en fibra de vidrio y una tela abullonada. Qué tiempos interesantes estos en los que disfrazan de libertad una esclavitud institucionalizada. En los que la cosificación más soez se viste de discurso feminista porque claro, una mujer tiene derecho a enseñar lo que le da la gana. Cuánta falta hacen las últimas jedi en esta Metrópolis de saldo y rebajas. Otra vez, y es increíble que tenga que escribir esta columna de nuevo, Cristina Pedroche no ha entendido nada. Lo feminista sería que no importase el vestido que se pone para presentar las campanadas.

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