¡Que llega el apocalipsis!


El apocalipsis, el fin de España, el abismo, el caos, la catástrofe, una pesadilla, el leviatán comunista. Esto es lo que, según la derecha y la ultraderecha, se nos viene encima con el Gobierno de izquierdas. Estaríamos, de acuerdo a lo que han dicho sus portavoces en el Congreso, en manos de un presidente traidor, indigno, mentiroso, prevaricador, sociópata, liberticida, guerracivilista, fake, irresponsable, sectario, inmoral, fraudulento, estafador, indigno, timador profesional, antiespañol, un villano sin escrúpulos. Son solo una muestra de los insultos y descalificaciones que Casado y Abascal, cada vez más indistinguibles, profirieron contra Sánchez. El pacto tejido por el líder socialista conlleva tantas incógnitas, incertidumbres y puntos débiles, al estar sustentado por independentistas, que la oposición tiene motivos para criticarlo con dureza. Pero la exageración ad infinitum, el exabrupto, el insulto, el tremendismo y la crispación máxima van mucho más allá de lo razonable. Su objetivo no es otro que deslegitimar un Gobierno democrático salido de las urnas e instalar en la opinión pública un clima de alarma irrespirable. No se debatió de paro, pensiones, educación, inversiones o ciencia. A las derechas no les interesa. Solo quieren hacer la vida imposible a Sánchez e impedirle gobernar para que dure lo menos posible. Es explicable que muchos españoles no puedan dormir bien a partir de ahora. Otros, que son al menos tan españoles como ellos, tampoco concilian el sueño desde que Vox es el sostén indispensable de los ejecutivos del PP y Ciudadanos en comunidades y ayuntamientos y les marca el paso. Por mi parte, tengo confianza absoluta en el Estado de derecho, hay líneas rojas que nadie se va a saltar, porque es imposible.

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