El rey, a derribar muros


Probablemente sea exagerado decir, como se dijo en tantas tertulias, que el mensaje de Navidad de Felipe VI era el más difícil de su reinado. Pero fue uno de los más difíciles, porque tenía ante sí a un país que esperaba, en muchos casos con ansiedad, conocer la posición del rey ante uno de los momentos más complejos de la historia de la democracia. No hace falta recordar el panorama político, pero tampoco sobra subrayar que ahí está Cataluña, con dirigentes que cada día proclaman su propósito de lograr la rendición del Estado. Ahí están las conversaciones con Esquerra, que para tantos ciudadanos suponen una cesión de pilares de la unidad a cambio del gobierno. Y ahí está ese pesimismo que lleva a un general retirado, hoy diputado en Cortes, a plantear que se lleve a los tribunales al presidente en funciones por ser un peligro para la seguridad nacional.

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El rey, a derribar muros