Superamos la tasa de cesáreas recomendada por la OMS. Es cierto. Las cifras nos sitúan entorno al 23 %, frente al 15 % que fija la OMS. Casi uno de cada cuatro recién nacidos nacerá por cesárea. Inevitablemente pienso, ¿por qué? ¿Significa eso que lo estamos haciendo mal?
La cesárea es una técnica quirúrgica que se realiza con el fin de extraer al feto y la placenta del útero materno; no es un acto fisiológico, tiene más riesgos que un parto vaginal, prolonga la estancia hospitalaria y el tiempo necesario para su recuperación es mayor; pero se realiza siempre que el parto vaginal no es posible o los riesgos de este superan los beneficios.
Las indicaciones médicas de la cesárea prácticamente no han cambiado a lo largo de los años, pero las circunstancias sí lo han hecho. El retraso en la maternidad lleva aparejado un aumento de los riesgos y complicaciones; con él, el número de las mujeres que padecen hipertensión arterial o preeclampsia y diabetes se multiplica, así como la necesidad de una cesárea. Mujeres que hace años no podían quedarse embarazadas debido al padecimiento de alguna enfermedad, hoy son madres, aumentando así la morbilidad en ellas y sus hijos. Y a esto hemos de sumar las técnicas de reproducción asistida, que, aunque cada vez menos, incrementan el número de gestaciones múltiples y con ellas también el riesgo de prematuridad.
Además, si analizamos la diferencias existentes entre los distintos centros hospitalarios, es fácil comprender que estandarizar el número de cesáreas no es tarea fácil.
Por ejemplo, si hablamos del Complejo Hospitalario de A Coruña, centro que ha sido reconocido como uno de los de mayor complejidad de España, un hospital terciario en el que se dispone de Unidad de Alto Riesgo Obstétrico, una UCIN categoría IIIC única en Galicia que atiende un 10 % de partos pretérmino, de los cuales un 18 % son grandes prematuros, así como también una Unidad de Cardiología Infantil referencia en nuestra comunidad; por todo esto es sencillo comprender cómo puede condicionar de forma directa nuestros números.
La Organización Mundial de la Salud es autoridad directiva y coordinadora en asuntos de sanidad internacional. Algo que no podemos olvidar. Habla para un mundo demasiado heterogéneo. Países desarrollados frente a aquellos del tercer mundo con recursos humanos y económicos muy limitados en los que desgraciadamente aún hoy el valor de la vida también es distinto.
Podemos hablar de números. Las tasas, los indicadores, los estándares son necesarios. Son guías y referencias con las que medirnos. Conocer el camino que llevamos, y a veces incluso reconducirnos. Pero no personalizan, no individualizan cada caso. El criterio clínico sí lo hace, y su objetivo siempre será una mama y un bebé sanos, algo innegociable.