Sánchez no saldrá de esta sin rendirse


La impaciencia y el ansia por dejar de ser el único presidente del Gobierno de la democracia que no ha accedido al cargo como consecuencia de una sesión de investidura están llevando a Pedro Sánchez a precipitarse y cometer errores impropios de quien ha escrito un libro titulado Manual de resistencia y que ha convertido el temple y el aguante ante las situaciones aparentemente más complicadas en una marca de la casa. Sánchez se equivoca al abordar el acuerdo con ERC manejando los códigos habituales en cualquier negociación política. Tratar a los republicanos catalanes como a un partido más, susceptible de ser presionado o capaz de mantener sus compromisos, no solo es desconocer la trayectoria de un partido que a lo largo de la historia se ha mostrado siempre errático, sino también ignorar la liturgia necesaria para alcanzar acuerdos políticos con los partidos nacionalistas.

No basta con llegar a un pacto con ellos, sino que es necesario reconocerles una superioridad moral. Dejar claro que son ellos los que imponen las reglas y los tiempos, e incluso otorgarles el papel de grandes estadistas que no actúan por su propio interés, sino que se sacrifican por la gobernabilidad de España. El intento del PSOE de presionar a ERC con la burda táctica del poli malo -José Luis Ábalos- y el poli bueno -Adriana Lastra- ha resultado por ello un fiasco. Decir, como dijo ayer el ministro de Fomento en funciones, que los republicanos han renunciado a la vía unilateral, es un intento de blanquear el inminente acuerdo al que va a llegar el PSOE con los separatistas. Pero el resultado ha sido que ERC se ha revuelto, porque le aterra la posibilidad de ser tachada de traidora por el independentismo, ya que el prófugo Carles Puigdemont está esperando el momento para devolverle a Gabriel Rufián aquel tuit de las 155 monedas de plata. ERC habla ahora de «chantaje» del PSOE, lo que tiene su gracia y podría ser analizado en términos freudianos.

Los códigos para pactar con los nacionalistas se establecieron ya desde el inicio de la democracia. Y esa es una de las causas de que nos encontremos en esta situación. No basta ceder ante ellos. Hay que hacerles la ola. Lo sabe bien Jordi Pujol y también el PNV, que lleva décadas dando lecciones morales a todo el mundo y que acaba de recibir una sentencia demoledora que envía a prisión a varios de sus ex dirigentes por el mayor escándalo de corrupción de la historia del País Vasco. Y en lugar de críticas, lo que recibe son elogios por pedir perdón.

Sánchez no es consciente de su situación y parece ignorar que su pacto con ERC, que va a permitir su investidura, se cerrará sí o sí con la rendición total del PSOE. Su intento de presionar a los de Oriol Junqueras llamando a Casado y Arrimadas a la Moncloa para agitar el espantajo de un pacto alternativo con Cs y el PP que sabe imposible ha sido también una jugada inútil e infantil frente a un partido al que la gobernabilidad de España se la trae al pairo. Sánchez debe entender que, por más que intente retorcer el diccionario, no va a salir de esta sin mojarse, y mucho, con el separatismo.

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