Profecías sobre el nuevo Gobierno


Se perciben indicios de que habrá acuerdo entre el PSOE y ERC. De que Pedro Sánchez, con el apoyo de Podemos, PNV y diversos grupos del arco parlamentario, será investido a finales de año o, más probablemente, en enero. Y de que el primer Gobierno de coalición de la democracia zarpará, contra viento y marea, a principios del 2020.

Ya antes de comenzar la travesía, si comienza, se ciernen sobre el nuevo Ejecutivo negros nubarrones. Muchos le auguran vida corta y convulsa. Tormenta perfecta y naufragio inevitable. Sin embargo, aconsejo al lector de buena fe que, al repasar los pronósticos, repare en las señas de identidad de sus autores. Porque hay oráculos más fiables que otros, desde el que utiliza la lógica y el método científico para interpretar los signos de una realidad preocupante hasta el charlatán de feria que, con anuncios apocalípticos, solo pretende arrimar el ascua a su sardina. En el caso que nos ocupa, aunque casi todos tienden al pesimismo, me permito clasificarlos en tres clases.

Primero están los escépticos, mayoritariamente ubicados en la izquierda del espectro político. Les gustaría que hubiese Gobierno unido y coherente, que sacase adelante medidas de progreso y bienestar. También que, mediante el diálogo y la negociación sin más límites que la Constitución, rebajase la tensión en Cataluña. Pero cuando leen la mano del futuro perciben la cercanía del abismo. Y les embarga una sensación de vértigo por tener que gobernar con el apoyo de las taifas parlamentarias y el beneplácito de quienes, a la postre, solo tienen como objetivo último abandonar la nave. De ahí su escepticismo, solo mitigado por la fe del carbonero.

Después hallamos los pitonisos que expresan, más que una profecía con fundamento, simplemente un deseo. Pesa más su íntimo deseo de que el Gobierno de izquierdas se hunda, y de que Pedro Sánchez y Pablo Iglesias se ahoguen, que cualquier otra consideración de tipo social, económico o territorial.

Y finalmente nos encontramos, agazapados en el campo de la derecha, con los profetas profesionales de la catástrofe. Los que auguran que la amalgama de populistas, comunistas y separatistas desencadenará sobre el país las siete plagas de Egipto. Estos no solo desean que el buque naufrague, aunque con él se hunda media España, sino que harán lo posible y lo imposible para que así sea. La profecía autocumplida, llaman los economistas a esa estrategia. De hecho, ya están afilando los cuchillos para despellejar al PSOE en cuanto anuncie su rendición y entrega a los sediciosos. A eso le llaman oposición responsable.

Ante esa perspectiva, sorprende que se critique a Sánchez por su repentino abrazo a Iglesias o el «secretismo» de las conversaciones del PSOE y ERC. En la pasada legislatura se le puso a caldo por todo lo contrario y con razón: por el bochornoso espectáculo ofrecido. Ahora se le reprocha haber aprendido la lección. ¿Acaso algún ingenuo cree que, de no haber actuado con celeridad y discreción, tenía alguna posibilidad de formar un Gobierno de izquierda?

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