Una cumbre de feria

UNFCCC dpa

Un mucho de feria tiene esta cumbre del clima (COP25) que, sarcásticamente, se celebra en el recinto ferial de Madrid. Se llega a la cita tras renunciar, primero Brasil (Bolsonaro y sus selvas quemadas) y después Chile (la conflictividad social). En la ONU, en todo el mundo, España tiene fama de echá palante y nada como un español para improvisar; les faltó tiempo para aceptar el ofrecimiento del Gobierno en funciones. La decisión ha hurtado al continente americano la posibilidad de poner en evidencia, ante el resto del mundo, muchas de sus debilidades ambientales. Solo el movimiento Fridays For Future se posicionó claramente contra esta decisión. Casi todos aplaudieron la ocasión que, para España, supone esta celebración. Me permito no compartir esa ola de buenismo: primero, por la expuesta razón de desamericanizar el mensaje; pero, sobre todo, por el mercadeo y conversión en plataforma #Greenwashing en que la cita se está convirtiendo por momentos.

Tras 25 ediciones, el nivel de emisiones no ha bajado. La 25 era un ensayo para el año próximo, revestida de oportunidad americana, un escaparate de su problemática… Se oculta que todos los trabajos y esfuerzos están pensados, orientados y diseñados para #Glasgow2020.

Madrid se presenta como la oportunidad de un cambio que está condenado al fracaso, o al menos a demorar un año la adopción de decisiones trascendentes que nos permitan bajar 2 grados el calentamiento global respecto al período preindustrial (aunque todos reconocen que solo bajarlo 1,5 grados servirá para poner freno a desapariciones de especies, enfermedades ambientales, etcétera).  Pero los objetivos por países no se están cumpliendo y todo nos conduce al +3 grados.

Sigue, y todo apunta que seguirá al menos hasta Glasgow, la asignatura pendiente de la vertiente empresarial. Y es que sigue, en la práctica, fuera de agenda el uso de los mercados financieros para la lucha contra el cambio climático. El comercio de derechos de emisión se ha de mostrar ya como una solución eficaz, siempre que se incrementen los precios; es el camino necesario y viable en el corto y medio plazo para el cambio de combustibles (sustitución de fósiles) y una significativa caída de emisiones de gases de efecto invernadero.

Pero estas líneas de acción de poco servirán si no se crea el fondo de ayuda a países en vías de desarrollo (100.000 millones de dólares), para apoyar sus procesos de adaptación sin que experimenten retrocesos sociales y económicos quizá irreversibles.

Por Benito García Director de la Asociación Galicia Ambiental

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