Los finales felices


Sin disculpar un pelo todos los errores de los socialistas en esta democracia, tampoco disculpo ni olvido los de las derechas, antes una y trina, y ahora solo trina. Por eso veo inútil el cordón sanitario, y la prueba es que el ya vicepresidente cuarto del Congreso, de Vox ahora, antes fue -hace treinta años o así- diputado del PP. Tan poco creo en los finales felices, que no he visto razonable la repetición electoral del 2016 y tampoco la obligada y sangrante abstención posterior del PSOE para investir a Rajoy. Pero, aunque tal repetición no fuera solución para lograr «un final feliz» para aquellos españoles más castigados por la gran recesión no quita que, quienes la esgrimían como solución, no deban explicar por qué los populares no deben abstenerse ahora para permitir otro final feliz, e investir a Sánchez. Aunque sea un malvado, porque antes ya fue malvado Zapatero.

Como, a pesar de Faes, Aznar, Aguirre y Feijoo, Casado no se va a abstener, mucho me temo que la posibilidad de unas nuevas elecciones existe. Por más que a mi entender fue un error la repetición reciente propiciada por la derecha y por la izquierda, con obvias responsabilidades de Sánchez e Iglesias, y no menores de los casi desaparecidos riveristas y del asustado Casado. Sin que tampoco las terceras elecciones garanticen un final feliz.

Con el agravante de que ahora no existe nadie entre las fuerzas políticas que se atreva a decir, como voceó un ilustre catedrático de Hacienda Pública, luego ministro, «que se hunda España que ya la salvaremos nosotros». Porque en esa frase del 2010 se encierra toda la estrategia popular desde aquel lejano 2004 en el que, por despreciar la inteligencia de sus compatriotas, los populares perdieron el poder. Desde las políticas antiterroristas hasta los bloqueos institucionales, o el estatuto de Cataluña, incluyendo influencias judiciales frente a la corrupción.

Y luego del 6 y 7 de septiembre, del 155, de la sentencia de la Gürtel, de la moción de censura, en eso estamos. Sin lograr mayor entendimiento que el propiciado por el discurso del rey el 3 de octubre, para acudir Rajoy, por insuficiencia senatorial, en búsqueda del apoyo imprescindible de los socialistas con el malvado y traidor Sánchez al frente. Diga ahora lo que diga sobre aquel 155. Ni las derechas, juntas o revueltas, ni las izquierdas, ni los nacionalistas, ni los independentistas, dan por el aviso. No existen lugares para el entendimiento, todos se vigilan. Los abajo firmantes de ahora no estaban cuando socialistas y riveristas sumaban para gobernar. Unidas Podemos y Pedro Sánchez vivieron ofuscados las victorias de primavera. Esquerra y JxCat siguen aferrados a las instituciones para no gobernar, en lo suyo y en lo de todos. El seny peneuvista se ensombrece. Y Rajoy tiene razón en su papel sobrevenido de hombre de Estado: los finales felices, solo en las películas. ¿Seguiremos votando?

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