¿El cuento chino del conflicto catalán?

Roberto Blanco Valdés
Roberto L. Blanco Valdés EL OJO PÚBLICO

OPINIÓN

DAVID ZORRAKINO - EUROPA PRESS

01 dic 2019 . Actualizado a las 05:00 h.

El jueves de esta semana se produjo la primera reunión entre el PSOE y ERC para cerrar un pacto de gobierno, reunión que permite maliciarse lo que ocurrirá en los sucesivos encuentros, pasado mañana, el siguiente: que ERC se levantó de la mesa llevándose el santo y la limosna mientras el PSOE se quedaba con dos palmos de narices. Y es que tras la conferencia en la cumbre entre un partido que quiere gobernar España y otro en cuyas manos está que pueda hacerlo, pero que aspira a destruirla, el segundo le metió al primero una verdadera goleada en un terreno políticamente decisivo cuando se hacen tratos con los nacionalistas: el del lenguaje.

Tal debe ser la capacidad de convicción de los representantes separatistas (el tal Rufián, la portavoz de ERC y un imputado por los hechos del 1 de octubre) que el PSOE acepta ya lo que hace cinco días rechazaba con toda claridad: que hay un conflicto político en Cataluña. La cesión tiene muchísima más importancia de la que pudiera parecer (¡cuestión de palabras!), pues aceptar la existencia de tal conflicto supone reconocerle a los separatistas catalanes no solo la representación de una de las partes enfrentadas, sino también algo que resulta bastante más nocivo: el poder para resolverlo. Es decir, el poder para solucionar ¡el problema que ellos mismos han creado! Porque ahí reside el quid de la cuestión: que los separatistas son los únicos responsables de un conflicto que durante décadas no partió en dos a la sociedad catalana (como el que, por ejemplo, en Estados Unidos enfrentaba hace años a los blancos y los negros y hoy en Palestina a los judíos y los árabes), problema del que los propios separatistas -como ocurre en todas partes donde existen movimientos de ese tipo- pretenden tener ahora la llave del acuerdo.

Tras la recuperación de la democracia, Cataluña fue durante años una sociedad donde no existían más conflictos internos que los que están presentes en muchos otros sitios: de manera muy especial, el conflicto de clase, mezclado en el caso catalán con el derivado de una fuerte presencia de inmigrantes procedentes de otras partes del país. Nadie como el novelista Juan Marsé ha descrito el cruce de ambas variables y los desgarros que produjo entre quienes habitaban Cataluña.