Palabras en lista de espera


La inclusión de varias decenas de palabras nuevas en el Diccionario ha tenido amplia repercusión en los medios de comunicación. Nada se ha dicho, sin embargo, de aquellas que se han quedado en algún punto del proceso que culmina en su aceptación por la Academia. Son voces, y nuevas acepciones de palabras ya registradas en el DLE, que puede proponer cualquier persona, aunque muchas veces la iniciativa parte de la propia institución. 

En la última lista de espera había de todo. Hasta para darse un banquete, que empezaría con chatka (lexicalización de una marca rusa de conservas de cangrejo de Kamchatka) y seguiría con cachopo (filete muy grande relleno de jamón y queso, rebozado y frito). Se podría rematar con un cortado preparado por un barista (especialista en cafés de gran calidad, su elaboración y sus presentaciones). Si a algún comilón le queda hueco, puede merendar unas pulgas, esos pequeños bocadillos tan consumidos a media mañana. 

Son muchas las palabras y acepciones populares que estaban o aún están en capilla. Es el caso de tatuador (¿será que hay pocos?), quedada, perrear (un baile), rapear (cantar o interpretar rap), mazo (Esto mola mazo) o furular (funcionar). Que muchas sean de uso coloquial no debe ser óbice para su registro. También están en lista de espera euroorden (como Puigdemont) y transfobia (aversión a los transexuales). No será porque esas palabras no se usen. 

El mundo de Internet es un vivero de neologismos. En el Diccionario hay un trol (del noruego troll), un monstruo maligno, pero lo que hoy se usa es trol (del inglés troll) como palabra que da nombre a quienes se dedican a ofender, provocar y molestar al prójimo en las redes sociales. Y trol debe traer consigo troleo y trolear.

 La Academia ha aceptado rúter como adaptación de router, ese cacharrito que enlaza redes informáticas, pero mantiene en la nevera búfer (del inglés buffer), pincho (dispositivo de memoria USB) y yutubero (el que difunde vídeos a través de YouTube). 

El proceso no se limita a palabras y nuevas acepciones. También se admitieron a estudio propuestas para enmendar definiciones. Como la de una señora que se queja de que el Diccionario define clítoris como «Órgano pequeño, carnoso...». Se duele por lo de pequeño: «Hombre, si es en comparación con un fémur, pues sí, pero...». A veces, hasta los lexicógrafos más cuidadosos se meten en jardines inadvertidamente.

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