Los 7 pecados digitales


No hay término medio en este mundo de extremos en el que todo se mueve por redes: o somos lovers o haters; o adoramos a alguien o lo echamos a los leones, pero no nos va nada el descafeinado gusto del equilibrio y la mesura. Mejor estar instalados en los polos opuestos y en las opiniones voraces del sí o no, antes que en la duda que todo lo corroe. «No sé». «No lo tengo claro». «Tal vez». La confusión no se estila en esta clarividencia que nos desata con pasión. Escribimos y hablamos echando fuego por la boca y estamos tan encantados con nosotros mismos que lo que dibujamos en ese decorado de fotos en el que enmarcamos nuestra rutina es un collage de felicidad impuesta, aunque por dentro estemos más muertos que vivos. Nos gusta exhibirnos en la playa, con palmeras de fondo, en el mejor de los veranos o con las luces navideñas de un viaje único a Nueva York en invierno. Cualquier postal que mienta antes que la cruda realidad de mostrarnos con una legaña en el ojo. Y curioseamos como cotillas todo lo que podemos del álbum del otro. Por eso cuando de pronto Facebook me ha recordado el tuit famoso de Guarromántico no he podido más que caer en la tentación de volver a compartir los siete pecados digitales de nuestro tiempo. La pereza es Netflix; la gula, Glovo; la envidia, Instagram; la ira, Twitter; la avaricia, Amazon; la lujuria, Tinder; y la soberbia, Linkedin. Es la nueva biblia de la era millennial.

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