Golpe de Estado a la república digital

Fernando Ónega
Fernando Ónega DESDE LA CORTE

OPINIÓN

Andreu Dalmau | Efe

01 nov 2019 . Actualizado a las 05:00 h.

No es fácil entender ni explicar qué diablos es una República Catalana Digital. Busqué en la web republicat.cat, que es como el Palau de la Generalitat y la residencia de Puigdemont en Internet, pero no me lo aclaró demasiado; debe ser que yo pertenezco a la república analógica. Veo que buscan adhesiones y piden al internauta que se sume a esa república mágica, pero no tienen mucho éxito: después de un año al alcance de un clic, de figurar en el último programa electoral del PDeCAT y no costar ni un céntimo apuntarse, hasta ayer solo se habían apuntado 81.312 internautas, que no parecen muchos frente a los cientos de miles de independentistas físicos que participan en las Diadas. Es una república a la que le cuesta mucho despegar. Debe tener plomo en las alas.

Busqué las definiciones que hizo su creador, Jordi Puigneró, que por algo es conseller de Políticas Digitales de la Generalitat, y me falta dominio de la jerga tecnológica para traducirla al castellano. Se funda en cinco bases; textualmente: apoderar a la ciudadanía; tener un territorio cohesionado con infraestructuras y ciudadanos inteligentes; una Administración abierta y eficiente; un país ciberseguro y la innovación como motor económico. Entre sus proyectos más inmediatos figura la creación de un Parlamento paralelo, la Asamblea de Cargos Electos, que está muy avanzada y parece más física que digital, la creación de una identidad digital catalana e incluso una moneda propia, porque una república sin moneda no es república ni es nada. Y ahora, periodista, como diría José Mota, vas y lo cuentas…

Lo cierto es que esa república existe, porque, si no existiera, el Gobierno no aprobaría un decreto-ley para combatirla. Existe y tiene su capital -su centro de difusión- en un lugar tan catalán como Nieves, una isla del Caribe. El conseller Puigneró cree tanto en ella que el otro día anunció en Dubái el despliegue de «Smartcatalonia», que aspira a que sea un modelo político-tecnológico que asombre al mundo mundial.

Interpretación personal: esto es, más que nada, un ocurrente invento para dar idea de que ya hay República en Cataluña, al menos en los inescrutables entresijos de Internet; lo que ocurre es que no la vemos, como a los fantasmas. Para entendernos, en el imaginario independentista debe ser como una Generalitat en el exilio, como un gobierno paralelo al de Torra, como una república en la nube, o como un cachivache provisional e intangible que pretende funcionar hasta que Puigdemont consiga gobernar el territorio físico. De momento, el fugado de la Justicia ya tiene un lugar de refugio ciberseguro: por muchos decretos-leyes que haga el Gobierno español, en una república digital nadie lo puede detener.

?Esa república existe, porque si no el Gobierno no aprobaría un decreto-ley para combatirla, y tiene su capital en un lugar tan catalán como Nieves,

una isla del Caribe