No más prórrogas para el «brexit»


Iba a ser la Saturday Night Leaver, según The Sun, y acabó siendo un nuevo capítulo de The Never Ending Story. Los británicos lo han vuelto a hacer. Han pedido otra prórroga para el brexit. ¡Quién lo iba a imaginar! Lo han hecho de la manera a la que nos tienen acostumbrados: con buenas dosis de barroquismo y demencia. Tengo que reconocer que el «estamos obligados a pedir una prórroga, pero os recomendamos que no nos la concedáis» que formuló el primer ministro, Boris Johnson, en sus dos cartas al Consejo Europeo, es de un surrealismo delicioso para los que observamos a estas alturas el divorcio como si fuera una película y a sus protagonistas como nuestros villanos favoritos. Creo que en Bruselas el sentimiento es el mismo desde hace tiempo. Han pasado de la incredulidad al miedo, del miedo al enfado, del enfado a la resignación y de la resignación al descrédito.

Los líderes comunitarios saben que el final de esta tragicomedia se escribirá en Londres. «Esto es algo que tienen que arreglar los británicos entre ellos. No podemos resolver sus problemas», aseguraba en marzo una alta fuente diplomática de Bruselas. Y eso es exactamente lo que debería pasar en los próximos días. Si los líderes de la UE quieren poner algo de seriedad y sensatez en el circo grotesco de la política británica, deberían rechazar una prórroga que únicamente se concede «si hay razones que la justifiquen». Si el propio Johnson la rechaza, la UE debería dejar en manos de la oposición británica la decisión de qué hacer con el brexit. Lo contrario supondría dar más munición a Johnson, empeñado en culpar a la UE de interferir para garantizar el fracaso del brexit.

Westminster es el terreno donde se tendrá que librar la batalla. Los unionistas -traicionados por Johnson-, nacionalistas escoceses, laboristas y liberales tratan de conformar un frente para proponer al parlamento, en mayoría, la convocatoria de un referendo: O aceptamos el acuerdo de Boris o nos quedamos en la UE. Es la única senda transitable para evitar la salida, suave o abrupta. Pero exigirá madurez, responsabilidad y liderazgo, tres cualidades que escasean entre sus filas. También agilidad para solicitar tiempo muerto a la UE, que difícilmente se opondría.

No creo que el adelanto electoral sea una opción. Con la habilidad mediocre que han demostrado los líderes de los partidos favorables a la permanencia, volvería a ganar de calle el partido Tory. Lo corroboran los sondeos. Por eso sería contraproducente plantear una prórroga para la convocatoria de elecciones. En el mejor de los casos nos encontraríamos con el mismo escenario dentro de unos meses y con Johnson reforzado, reventando sus desarropadas camisas porque el orgullo no le cabría en el pecho. No soy optimista. Aunque la oposición tiene en su mano la medicina para acabar con la fiebre deliroide que han propagado eurófobos y tories, la actitud derrotada y dubitativa que mostraron este sábado, le quita las ganas al mayor de los europeístas de votar a favor de la permanencia. Y eso que argumentos no les faltan.

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