Los Nobel del litio


El Nobel de Química del 2019 se ha concedido al estadounidense John B. Goodenough, al británico Stanley Whittingham y al japonés Akira Yoshino, quienes, con sus investigaciones, han hecho posible la fabricación de baterías de ion litio, que ocupan poco espacio y resisten, sin deteriorarse apenas, un elevado número de descargas y recargas. Gracias a esas baterías, la humanidad dispone de teléfonos móviles, ordenadores portátiles, marcapasos y un largo etcétera de aparatos electrónicos con prestaciones no conocidas hasta su aparición, que las ha hecho imprescindibles en la sociedad actual.

El litio es el metal de menor densidad, aproximadamente la mitad que la del agua, por eso flota en ella, mientras reacciona liberando hidrógeno. Esa baja densidad da lugar a una alta carga específica (3.860 Ah/kg). La del plomo, usado en baterías de arranque de automóviles, es de solo 260 Ah/kg. Es decir, el litio tiene una carga específica casi 15 veces mayor que la del plomo. Comparando el litio con a otros electrodos, se constata que la masa necesaria para producir un amperio durante una hora es de 3,85 gramos de plomo y solo de 0,26 gramos de litio; es decir, una masa de litio casi 15 veces menor que la del plomo.

En otro orden de cosas, el carbonato de litio estabiliza los altibajos emocionales de las personas con trastorno bipolar o con depresión. De nuevo la química, a través del litio, es benefactora de la humanidad.

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