Transhumanos


Lleva una antena conectada al cerebro que le permite distinguir los colores. Debido a una enfermedad, la acromatopsia, el mundo se reducía para él a un paisaje pintado en blanco, negro y gris hasta el momento en que este accesorio anclado a su cráneo le hizo posible captar otras tonalidades mediante un sistema que las transforma en sonidos. Él es el artista Neil Harbisson y no ha salido de un capítulo de Years and Years, ese drama distópico sobre los Lyon donde los primeros transhumanos ya pueden hablar por teléfono utilizando los implantes de sus dedos meñique y pulgar. Al parecer, en ese futuro cercano ya es posible descargar la mente de una persona en un disco duro pero no se ha descubierto aún el manos libres.

Harbisson no es un invento de la tele. Es el primer cíborg reconocido oficialmente como tal por un gobierno. Con su antena, no solo ha equiparado sus sentidos a los del resto de las personas, sino que ha podido romper barreras y volar más allá. A diferencia de los demás, él también puede percibir ahora la luz ultravioleta y los rayos infrarrojos, un don que se suma al de saber siempre con exactitud dónde está el norte geomagnético gracias a un chip implantado en su rodilla. Según asegura, la posibilidad que tiene el hombre de rediseñarse como especie y de perfeccionar el cuerpo con piezas robóticas debería estar reconocido en los derechos humanos.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
0 votos
Comentarios

Transhumanos