Copiar del rincón del vago


La presidenta de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, es única. Si no existiera, habría que inventarla y patentarla como el mejor imán para las polémicas -propias y ajenas- que jamás haya hollado la Tierra. Repasemos: en su día propuso empadronar a los no nacidos, confesó que amaba los atascos y rompió una lanza por el «trabajo basura» (sic). Y ayer causó un alboroto por pasarse de frenada en un pleno y decir que tras la exhumación de Franco el siguiente paso es que ardan iglesias «como en el 36».

La frase convirtió a la lideresa madrileña, experta en social media, en trending topic. Y provocó una gran tormenta en las redes, pero también sirvió de cortina de humo para otro escándalo que salpicaba a la sucesora de Aguirre, González, Cifuentes y Garrido: la caída de su directora general de Educación Concertada, Becas y Ayudas al Estudio, Concepción Canoyra, acusada de haber plagiado su tesis de la Universidad Camilo José Cela (la misma que Pedro Sánchez) y de hacerlo de forma chusca, copiando de Wikipedia (mi hija de 12 años responde con un no rotundo cuando se le pregunta si eso se puede hacer) y de una mítica página de los albores del Internet patrio, llamada, de forma elocuente, El rincón del vago. Los suyos dicen que dimitió de forma «ejemplar». ¿Y si cambiamos el adjetivo por vergonzante?

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