Errejón tampoco: que pase el siguiente


El descrédito de la clase política española es tal que se diría que cualquiera que se presente a las elecciones tiene grandes posibilidades de formar un grupo parlamentario, con la única condición de no haber concurrido a los comicios anteriores. Así llegó Podemos, con su letanía del no nos representan; siguió Ciudadanos, prometiendo pasar el trapo a nuestra democracia, y continuó después Vox, vendiendo la antipolítica que siempre predica el populismo. Pero, como las elecciones se suceden en España a velocidad de vértigo, todo se queda viejo al poco de nacer. Y así es como, al último en saltar a la arena, Íñigo Errejón, los sondeos le adjudicaban ya 20 escaños antes incluso de confirmar su candidatura, sin necesidad de presentar unas listas y sin tener siquiera nombre. Eso son pequeñas minucias.

Confirmado ya que Errejón quiere ganar en río revuelto, nos enteramos de que lo suyo se llama Más País. A nadie debe extrañarle un nombre tan extravagante porque la alternativa lógica a Más Madrid era Más España -horror- o Más Nación -horror también-. De modo que, para un discípulo del gurú populista Laclau, lo lógico es un significante vacío como Más País, que lo mismo les vale a los jacobinos que a los que ven una nación en cada parada de metro.

Se presenta ahora Errejón como el abanderado de una izquierda moderada y pragmática. Pero basta echar la vista atrás, no mucho, solo un poco, para saber quién es en realidad el seráfico Íñigo, protagonista de algunas de las proclamas más impresentables que se han escuchado en España. Hace menos de un año defendía la tiranía violenta y corrupta de Maduro asegurando que gracias al chavismo en Venezuela «se respetan los derechos y libertades de la oposición» y «se come tres veces al día». Lo dijo fuera de España, claro, pero no debe saber que existe Internet. El camaleónico Íñigo es el cerebro gris del eterno travestismo de Podemos, que tras negar su origen comunista se proclamó socialdemócrata y llegó a equipararse con Suárez. Hasta que Errejón puso la guinda y dijo aquello de que «hay un hilo común entre Podemos y Le Pen». Todo vale si entra en la cesta. Cualquiera que busque un poco en Youtube puede verle al borde del llanto ensalzando al difunto Chávez y asegurando que Europa necesita mucho de su «cálido viento» para «borrar a tanto canalla». O ver cómo, ante el pasmo del propio Iglesias, defiende con pasión en La Tuerka la violencia sindical en las huelgas.

Sánchez, o quien espere lealtad y coherencia de Errejón, debería recordar que, tras levantarse contra Iglesias y perder ante la militancia de Podemos, urdió un fracasado motín contra su líder y se dejó hacer luego candidato a la Comunidad de Madrid para, en el último instante, dejar tirados a los suyos y fugarse con Carmena. Para él, lo primero es el poder y luego el partido y los principios. La política española está bajo mínimos, pero no es el mutante y oportunista Errejón, que cobraba una beca de 1.800 euros al mes sin aparecer por la universidad y tras ser contratado por un amigo, quien la va a regenerar. Que pase el siguiente.

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