Vientos favorables a Sánchez


Inauguro el diario de precampaña con tres anotaciones. Tres noticias de diversa índole, publicadas esta semana, y las reacciones que suscitaron entre las diversas fuerzas políticas. Y anticipo una conclusión. Hace bien Pedro Sánchez en no exponerse demasiado a los focos: sus adversarios parecen dispuestos -o resignados- a llevarlo en volandas hacia una nueva victoria electoral.

Lunes, 23. Detenidos por terrorismo nueve activistas catalanes de los CDR. Escondían explosivos y planeaban atentar en octubre. Pablo Casado reacciona como se espera de un hombre de Estado: felicita a la Guardia Civil y subraya que «la fortaleza del Estado de derecho prevalece siempre». Albert Rivera, por el contrario, retoma su vieja matraca: «155 ya». El artículo de la Constitución que, como el bálsamo de Fierabrás, sirve para todo. ¿Cómo no se le ocurrió recetarlo en su día para combatir el terrorismo de ETA? Santiago Abascal tira por la misma dirección pero con menos complejos: «El Gobierno en funciones es cómplice por omisión». Pero es Torra quien pone más empeño en engordar las expectativas electorales del PSOE, con su denuncia de «la represión continua del Estado»: si Sánchez es el director de la «operación judicial-político-mediática», que pretende vincular independentismo y violencia, queda claro que al presidente en funciones no le temblará el pulso para enfrentarse al desafío separatista.

Martes, 24. El Supremo aprueba por unanimidad la exhumación de los restos de Franco y su traslado al cementerio de Mingorrubio. A la derecha, que en su día apoyó esa medida y tampoco se opuso al decreto ley que cumple el mandato parlamentario, se le atraganta el fallo. A unos más que a otros. Casado, con frialdad, muestra su «respeto a las decisiones judiciales»: la habitual cantinela con que se disimula el disgusto. Rivera, el desertor del centro en veloz travesía hacia los confines azules de la derecha, se irrita: «Sánchez lleva un año jugando con los huesos para dividirnos en rojos y azules». Abascal, siempre presto a alimentarse con los despojos de la derechita cobarde, exige a sus socios que la Comunidad de Madrid obstaculice la «profanación» de la tumba del dictador. Y entre los tres le reservan a Sánchez un hueco en los libros de historia: el presidente que sacó a Franco del Valle de los Caídos.

Miércoles, 25. Un nuevo partido se suma a la danza: Íñigo Errejón presentará candidaturas en varias provincias. El intruso instaura la simetría entre bloques: tres formaciones a la derecha, tres a la izquierda y los nacionalismos al fondo. Pablo Iglesias atribuye la «operación torero muerto», que busca «cortarle la coleta de una vez», a las maquinaciones de la Moncloa. La derecha contempla con indisimulado regocijo la refriega: los líos de la izquierda le abren una espita de esperanza. Pero al PSOE, que se apresta a pescar en los caladeros de la derecha y de la izquierda, tampoco le desagrada el panorama. Si las cosas siguen así, y la campaña gira en torno a Cataluña, Franco y Errejón, tal vez las urnas le proporcionen una excelente marea.

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