Urdangarín, ¿personaje de carne y hueso?


Una de las primeras cosas que se plantea el escritor antes de empezar una novela es la transformación que va a sufrir el personaje. Sea quien sea el protagonista, deberá acabar siendo alguien diferente al final de la novela. Y no solo en novelas: también películas o series. Después de todo lo que le ha pasado, y de las aventuras que ha vivido, tiene que haber aprendido una lección que sin duda le servirá en el futuro y que hará que de ahora en adelante ya nada será igual. Cuanto mayor sea el arco de transformación, más de carne y hueso será el personaje. Esta regla no hace más que reflejar la vida: como realmente aprendemos y crecemos es en la adversidad.

La literatura y el cine están llenos de ejemplos (Jaime Lannister en Juego de Tronos, Scrooge en Cuento de Navidad o Walter White en Breaking Bad, por mencionar algunos), pero me gustaría traer a colación al personaje de la película La misión. Todos recordamos a Rodrigo Mendoza (Robert De Niro), a quien la traición entre su amante y su hermano le lleva a asesinar a este. A raíz de esto, Mendoza siente una culpa que le corroe los tuétanos, y, a pesar de ser acogido por la orden jesuita en la ciudad, no logra perdonarse a sí mismo. El padre Gabriel (Jeremy Irons) le invita a la reconciliación con Dios, con los indios guaraníes y consigo al proponerle ir con él a la selva y ayudar a la labor que llevaban a cabo en una de sus misiones. El capitán acepta y, como penitencia para purgar sus pecados, decide arrastrar hasta lo alto de las cataratas, territorio de los guaraníes, un pesado saco -magnífica metáfora de sus pecados- con armas y armaduras. Al ser liberado espiritualmente de toda carga pasada, sufre una transformación radical, convirtiéndose en el defensor más acérrimo de los indios.

Al escuchar estos días que la primera salida de Iñaki Urdangarín de la prisión de Brieva (Ávila) desde su ingreso ha sido para llevar a cabo una labor de voluntariado en el Hogar Don Orione, un centro con 114 residentes con discapacidad severa, gestionado por una orden religiosa, se me ha venido inmediatamente a la cabeza esta escena y el fardo lleno de pecados de Diego de Mendoza. Resulta curioso, además, que, como recordaremos, Iñaki Urdangarín y Diego Torres utilizaban una fundación de ayuda a niños discapacitados creada por ellos mismos para evadir dinero al paraíso fiscal de Belice.

Las imágenes del cuñado del rey circularon el pasado 19 de septiembre por las redes sociales y por la televisión. A las 9.58 horas, buen aspecto, sonriente y cara de «Ay, Diosito, no soy tan malo como ellos creen», entró en este hogar para discapacitados, situado en la localidad madrileña de Pozuelo de Alarcón, adonde seguirá yendo dos veces por semana para echar una mano con las actividades deportivas. En lugar de un saco con armas y armaduras, llevaba una bolsa azul colgada del hombro. Aunque de apariencia ligera, a estas alturas nadie duda de que la bolsa no va vacía. Ahora solo cabe esperar que, como en las mejores novelas o películas, la transformación del personaje sea real.

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Urdangarin, primer día de voluntariado fuera de prisión Estará fuera previsiblemente 8 horas al día antes de regresar a la cárcel de Brieva
Por Cristina Sánchez-Andrade Escritora y premio Sor Juana Inés de la Cruz de la FIL

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