El adiós de «Fleabag»


Muchos admiradores de Fleabag han interpretado su premio Emmy como una señal de esperanza. Un indicio de que ese brillante colofón que cierra su segunda temporada podría no ser tal vez la despedida definitiva. Pero tanto a esta serie británica como a Juego de tronos el reconocimiento como mejores comedia y drama del año les llega después de haber escrito ya su punto final. Sosteniendo sus relucientes estatuillas en la mano, su creadora y protagonista, Phoebe Waller-Bridge, subrayó que el cierre del último capítulo fue «la manera más hermosa de decir adiós» y que «llegar más alto es imposible». En eso no le falta razón. Pero a su público le cuesta asumir que no habrá más historias sobre esta treintañera sin nombre propio, llamada simplemente «saco de pulgas», deslenguada, feminista a su manera, artífice de una serie que ha inventado recursos narrativos inéditos, como esa manera de romper doblemente la cuarta pared que separa la ficción de la realidad.

El éxito ratifica que el talento de Waller-Bridge, también guionista de Killing Eve y de la próxima película de 007, ha llegado para quedarse. Lo demostró con su personaje de Lulu en Crashing, comedia primeriza que también escribió y protagonizó y que gira en torno a la vida anárquica de seis veinteañeros que viven en un hospital abandonado. Allí estaba ya el germen de todo lo que alcanzaría después.

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