¿No se les cae la cara de vergüenza?


Hace quince días, con su habitual elocuencia, el profesor Blanco Valdés se preguntaba desde el mismo frontispicio de su columna: «¿Y si no hubiese habido censura?». A muchos se les escapa que esa es la razón por la que estamos con elecciones a las puertas. El profesor de Derecho Constitucional argumentaba, y no seré yo quien lo discuta, que fue la ambición personal de Pedro Sánchez la que llevó a España donde está ahora. Se agarró como clavo ardiendo a una sentencia judicial referida al PP de dos ayuntamientos de Madrid, Majadahonda y Pozuelo de Alarcón: el partido era exonerado de responsabilidad penal pero lo condenaban a título lucrativo.

Apartados los verdaderos corruptos del partido y del poder, España crecía con Rajoy al mayor ritmo de las últimas décadas, el paro se reducía y la actividad productiva, tanto como la inversión extranjera, se multiplicaban. España iba bien. No le importó a Sánchez ni a sus socios: los independentistas y los contrasistema. En ellos se apoyó el PSOE para firmar una de las páginas más ignominiosas de la historia política española. Gobernaron diez meses dando palos de ciego. Convocaron nuevas elecciones y, como los resultados no eran los deseados, urdieron una sibilina trama para construirse un relato (ahora se dice así) que los llevase a conseguir más votos el 10 de noviembre. De la salud de España no se habla. La crisis se vislumbra y los responsables políticos del Estado no han sido capaces de hacer el trabajo por el que cobran. Me pregunto si devolverán los honorarios percibidos. Sería todo un síntoma de dignidad. Pero dignidad ya solo es una palabra utilizada por ellos en campaña electoral. Una pena.

En tanto, Galicia sufría con el ofrecimiento de Pedro Sánchez. El presidente se expresaba más o menos así: o el PP apoya mi investidura o de los fondos autonómicos, nada. Además, argüían, el traspaso de fondos con un Gobierno en funciones era ilegal. Y mientras todos los presidentes autonómicos socialistas recriminaban a Sánchez, los socialistas gallegos lo apoyaban: decían que el enfado de Feijoo era un «teatrillo». Sin embargo, este pasado fin de semana nos despertamos con la noticia de que se traspasarían fondos a las comunidades autónomas. ¡Milagro! Menos mal que aquí no es posible una moción de censura. Nuestra tierra ha vivido una época de sosiego institucional durante los diez años de mayoría absoluta del PP. Y ha vivido esa estabilidad a pesar de los recortes a los que fueron sometidas las cuentas públicas por mor de la gestión, brillantísima, de Zapatero. Es necesario recordar estos pretéritos. Aunque solo sea para no caer en la tentación de olvidar que Zapatero nos hundió como nadie nos había hundido. Pese a ello, tendrá un sueldo dadivoso toda su vida. Cobrará. Como han cobrado y cobran los que no han sabido negociar, ni a la derecha ni a la izquierda, un gobierno; los mismos que antes no podían traspasar los fondos y ahora sí. ¿Nos toman por tontos? ¿No se les cae la cara de vergüenza?

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