A lo mejor no es tan malo


Lo que no puede ser, no puede ser y además es imposible. La contagiosa frase, atribuida a un famoso torero, se puede aplicar a la situación política española. El matrimonio PSOE-Podemos no podía ser y, además, resultó imposible. La reunión de ayer terminó como el rosario de la aurora: «No hay vía para alcanzar un acuerdo», dijo la socialista Adriana Lastra. «Nos han dicho que si no gobiernan solos, entienden que no debe haber más reuniones», añadió el podemita Echenique. ¿Queda algún resquicio para el entendimiento? Solo uno; que Pedro Sánchez o Pablo Iglesias cojan tal miedo a las elecciones que en el último minuto de plazo uno de ellos se rinda y le diga al otro aquello de las parejas que se rompen: «No puedo vivir sin ti, cariño, démonos una segunda oportunidad».

Es posible, pero no parece probable. Hay que ir preparando la esquela del intento, que es también la esquela del actual Gobierno, aunque algunos llevamos meses anunciándola, y que sea el pueblo quien dicte la última sentencia en las urnas. Hacia ellas caminamos, con el evidentísimo riesgo de que las urnas nos vuelvan a dejar el mismo panorama y lo que es peor: con los mismos interlocutores. Ocurrió con Rajoy cuando se vio obligado a repetir elecciones y ocurrió siempre que se han repetido unos comicios. Pocos electores cambian de voto en unos meses. No es seguro, además, que Sánchez conserve la aureola victoriosa que lo llevó de ganar las generales a ganar las municipales y a cosechar un 40 por ciento de la intención de voto en las encuestas del CIS. Los ciudadanos acusan el cansancio y, por si faltara algo, tengo la impresión de que el «trifachito» de las tres derechas ya no actúa como movilizador del electorado de izquierdas.

Y llegados a este punto necesito decir algo: no es seguro que los indicios de ruptura entre PSOE y Unidas Podemos sean malos para el país. Es mala en el plazo inmediato, porque prolonga la inestabilidad política y quizá de forma indefinida. Tengo más dudas respecto al futuro, por tres importantes motivos. Primero, porque una alianza de izquierda e izquierda extrema no es el mejor reclamo para los mercados. Segundo, porque tenemos memoria del bipartito gallego y la convivencia de dos Gobiernos en el mismo Consejo se acerca más al caos que a la eficacia, y ese riesgo existe. Y tercero, porque las 370 medidas del programa que pomposamente presentó Pedro Sánchez son muy sociales, sin duda. Por tanto, necesarias y defendibles. Pero meterían al Estado en un nivel de gasto difícilmente soportable por nuestros impuestos y difícilmente aceptable por Bruselas. A las urnas las carga el diablo; pero a los Presupuestos, mucho más. Sobre todo, si por Europa corren vientos de recesión.

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