Aínda é hoxe


La escena fue más o menos así: 21.00 horas, currante de retirada a casa que amarra en una cafetería para tomar unas cañas con unos amigos y compañeros de funda y cerveza vespertina. Fútbol, bromas, infortunios, chistes, silencios elocuentes... La cerveza es una compañera perfecta, los hombres somos así de simples.

22.00 horas. Suena el móvil y contesta distendido: «Estoy con unos amigos en el bar... Sí, no te preocupes, no tardo». Prosiguió el encuentro derivando la conversación hacia el inmisericorde placaje que aplican las tribulaciones femeninas y lo buenas que están.

23.00 horas. Segunda llamada: «Xa vou... Non, non te preocupes, vai ceando que eu xa vou». La conversación encendió el fútbol y la mayoría de la peña era del Dépor, lo que suponía un clamor indignado al sinsentido de no haber sacado a Álex Bergantiños en el partido por el ascenso. «O técnico é un parvo, un achantao... Mira que o tiñamos a tiro...», asentían todos con pequeñas reverencias frente a la sofocada caña; le pusieron a huevo tocar un poquito la casquería al personal y soltó: «Dende logo, pero se ides de cu toda a tempada e chegastes de chiripa; non hai equipo, ho!». La manada se abalanzó sobre él destrozando la temporada del Celta, al tiempo que crecía la mofa del osado celtarra.

0.00 horas. Tercera llamada. Esta vez la escuchó en un silencio reverencial mientras su cara esculpía el rostro del Moisés de Miguel Ángel (mírenlo en Google, era clavado).

Giró el rostro para ocultarse de miradas ajenas embozando con la mano la boca y el móvil y contestó como Moisés, con esa voz de bajo grave y fulminante que tienen los dioses: «Mira, nena... Déixame tranquilo, oes?» Silencio amenazador. «Déixame tranquilo... que aínda é hoxe». Y se pidió otra más.

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