Terrorismo doméstico


Tras los penúltimos asesinatos múltiples perpetrados en Estados Unidos, los españoles leyeron y oyeron hasta la saciedad la expresión terrorismo doméstico aplicada a aquellas matanzas. Esta semana, la ciudad de San Francisco ha declarado «organización de terrorismo doméstico» a la Asociación Nacional del Rifle. Se trata de una traducción mocosuena de domestic terrorism, sintagma con el que se designa el terrorismo obra de ciudadanos del país donde se perpetran los atentados. Así, el de ETA sería para los españoles domestic terrorism.

El latín domesticus, de domus ‘casa’, fructificó con formas parecidas en varios idiomas de nuestro entorno, como el español doméstico, el inglés domestic, el francés domestique, el italiano domèstico, el gallego doméstico, el catalán domèstic... Todos ellos comparten tres acepciones: es lo relativo al hogar; también se aplica a los animales que viven con el hombre, y se dice del criado que sirve en una casa.

El inglés ha sumado a esos significados comunes uno propio: «Nacional, interno», dicen los diccionarios. Un ejemplo: los Egypt’s domestic affairs son los asuntos internos -no domésticos- de Egipto. Este sentido del domestic inglés ha contaminado a otros idiomas. En español, por ejemplo, los vuelos nacionales se han convertido muchas veces en vuelos domésticos por una defectuosa traducción de los rótulos de domestic flights que salpican nuestros aeropuertos.

Las reacciones contra esto no han sido muy exitosas. La Academia Francesa, por ejemplo, rechaza ese «anglicisme inutile» porque en esa lengua existen voces que pueden sustituirlo, como national e intérieur. La española, por su parte, considera que debe evitarse el empleo metafórico de doméstico con el sentido de ‘nacional o de la nación’, claramente influido por el inglés.

Hay, no obstante, quien considera que ese uso de doméstico no es censurable, aunque no lo tenga como su primera opción. Su amplio empleo en varios países de ultramar ha llevado a incluir esa acepción en el Diccionario de americanismos, de las academias del español. El problema surgirá cuando leamos un «terrorismo doméstico» descontextualizado, como en el título de esta columna, pues no sabremos si es aquel al que se refiere Victoria Aurora Ferrer en su ensayo El maltrato a la mujer ¿terrorismo doméstico? o el que combaten las unidades antiterroristas de los cuerpos de seguridad.

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