Responsabilidad histórica

Ernesto Sánchez Pombo
Ernesto S. Pombo EL REINO DE LA LLUVIA

OPINIÓN

29 jul 2019 . Actualizado a las 05:00 h.

La frase que mejor resume la charlotada de estos días en el Parlamento la pronunció el portavoz de ERC, Gabriel Rufián. «Debería darles vergüenza. Se arrepentirán». Y uno, que no está muy convencido de que Sánchez e Iglesias sientan vergüenza por lo ocurrido, sí lo está de que la sienten quienes con sus votos creyeron apoyar opciones progresistas. Porque acaban de ratificarles que la izquierda, considerando al PSOE de izquierdas que es mucho considerar, sigue troceada, como lo estuvo siempre, incluso en los momentos más dramáticos de este país.

El Gobierno de coalición, cooperación o acompañamiento ha fracasado por desconfianza mutua. Sánchez nunca pensó, amparado en un posible éxito de nuevas elecciones, que UP lo dejaría en la estacada. E Iglesias entró en una alocada carrera de la que no pudo regresar pese a que, muy probablemente, lo hubiese deseado. Y uno y otro no han respetado el mandato del electorado el 28-A, que es el de negociar, ceder y acordar. Es cierto que tampoco lo hicieron los demás.

El resultado es el conocido. Como ocurrió en el 2016 cuando también Iglesias evitó la investidura de Sánchez, lo que le costó más de un millón de votos, la izquierda no se puso de acuerdo. Llevamos décadas lamentándonos de la división y escasa responsabilidad de la izquierda en momentos claves de nuestras vidas. Y ahí seguimos. Son las ocasiones en las que la derecha se abraza y se fotografía incluso con los ultras. Va a Colón y después lo niega. Gobiernan juntos y lo desmienten. Porque cuando llega el momento decisivo saben sumar fuerzas.

La izquierda española tiene una responsabilidad histórica. La de acabar con los desabridos, descalificaciones y desavenencias. La de partirse la cara a cada momento. Pero ya verán como no lo hacen. Las próximas semanas las dedicarán a desprestigiarse y echarse las culpas del fracaso. Es decir, a seguir destrozando a la izquierda. Y es que ni Santiago Abascal lo haría mejor.