Hollar la Luna


Una nota en mi agenda del lunes 21 de julio de 1969 dice lo siguiente: a las cuatro menos cuatro minutos de la madrugada pisó la Luna el primer hombre. Lo vimos en casa por televisión. Emocionante. El día anterior, domingo 20 de julio otra nota decía: A las 21 horas y 16 minutos el módulo lunar (Águila) se posó en la superficie de la Luna. La puerta de nuestra vivienda, en la calle Finisterre de La Coruña, permaneció abierta durante la madrugada del 20 al 21 de julio de 1969. Los vecinos de enfrente entraban y salían continuamente. No tenían televisor, como otras muchas familias de hace 50 años. Nosotros lo habíamos comprado.

Nuestra hija mayor tenía 52 días y la de los vecinos todavía era más joven. Por eso entraban y salían. Tenían que vigilar el sueño de su niña y no querían perderse nada de un acontecimiento tan importante como la llegada del hombre a la Luna.

Para los jóvenes actuales puede parecerles increíble que, hace 50 años, las familias no tuviesen un televisor. Tampoco teníamos móviles ni en la imaginación más calenturienta. Precisamente, del descomunal desarrollo tecnológico necesario para enviar personas a la Luna, se derivaron una serie de aplicaciones que irrumpieron con fuerza en la vida cotidiana: placas solares, avances en robótica y electrónica, materiales ignífugos, alimentos deshidratados o liofilizados, sistemas de comunicación a larga distancia, purificación de agua, etcétera.

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