¡Qué nivel, Maribel!


Cuando parecía que nos habíamos quedado sin capacidad para el asombro, va un partido político (Vox) y llama «acojonado, sinvergüenza y lameculos» al jefe de una fuerza política con la que negocia gobiernos, presupuestos y cuotas de poder, Ciudadanos. El surrealista e inesperado mensaje -publicado en Twitter- genera una justa escandalera. ¿Lo retiran? No. Lo amplifican y simplemente regañan al «Community Manager de verano» por no cuidar «el lenguaje». ¿Y qué hace el ofendido, el partido naranja? ¿Rompe relaciones? ¿Cambia de estrategia? No. Lanza una respuesta a lo Trump, con un vídeo del grupo discotequero Locomía acompañado de un vulgar «Qué nivel, Maribel». Mandan insultos y eslóganes. Cotizan muy a la baja los argumentos y los principios.

El espectáculo de barra de bar no es una simple anécdota veraniega, fruto de un calentón. Tampoco se trata de una promoción encubierta de la serie de HBO sobre Jesús Gil, El pionero. Forma parte de la cortina de humo -y de la reality politic- que envuelve la feroz batalla que libran varias fuerzas con documentos secretos, acuerdos bajo cuerda, escenificación de desavenencias… El teatrillo topa con la terquedad de las fechas (hay plazos) y de los números, que dictan sentencia sobre cómo, cuándo y con quién se puede pactar, aunque sea con la nariz tapada.

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