Rivera pasa la llave a Iglesias


Una de las personas que más deciden en este país me decía en un almuerzo el pasado martes: «La llave la tiene Ciudadanos». Me sorprendió, porque esa misma mañana se supo que Albert Rivera había rechazado una invitación a reunirse con el presidente en funciones; pero, como en este país no te puedes fiar ni de tu sombra, me levanté de la mesa con la convicción de que entre Pedro Sánchez y Albert Rivera había algo más que sarpullidos y de que, en el fondo, había alguna posibilidad de acuerdo. La convicción me duró hasta ayer, cuando el señor Rivera dijo ante el Consejo General de Ciudadanos: «Ahora más que nunca vamos a decir que no». Roma locuta, causa finita.

Pero hay que añadir algo. La negativa de Rivera a la investidura de Sánchez es tan firme, que invitó a alguien a fundar otro partido si ese alguien quiere que Sánchez campe «a sus anchas». Digo «alguien», porque no tengo claro a quién se refería. Según la interpretación más lógica y más aceptada por los medios informativos, se dirigía a los críticos de su partido. Según explicaciones internas, hablaba a los sindicatos, a los empresarios, a los bancos y, en general, a quienes le presionan para abstenerse en la investidura o negociar el precio de la abstención. Me da igual: hablase de quien hablase, quien desee la continuidad de Sánchez no tiene sitio en Ciudadanos ni Rivera lo va a escuchar.

Es decir, que Albert tiró al río la llave que el poder político le atribuía. Le pasó una copia a Pablo Iglesias para que abra con ella, si puede, la puerta de la coalición. Y pidió el comodín del público -el Consejo General-para que sus miembros aplaudieran su decisión y hay que decir que la aplaudieron con entusiasmo. Pocas veces había sido vitoreado tan larga y calurosamente. Tardó en hablar, pero lo hizo con eficacia en la representación. Crisis interna cerrada. Arrepentíos quienes habéis sido críticos con él estos últimos diez días. Sus gentes lo quieren, lo ovacionan y lo tienen subido a un pedestal.

¿Para qué? Como suponíamos, para ganarle al PP en el Congreso de los Diputados. ¿Pero no le está dando poder al PP con sus pactos? Sí, pero Rivera es el político que sabe hacer dos cosas al mismo tiempo. Declara al PP socio preferente y gracias a los pactos consiguió un poder que no tenía: 400 alcaldías y co-gobierno en varias comunidades autónomas. Y al mismo tiempo le zurra: «si la única oposición son los que tienen 55 casos de corrupción sin resolver, Sánchez estará una década». Poder local y regional y oposición en el ámbito estatal. No es mala estrategia. Pero, de momento, la factura la paga este país que, sin la llave en el bolsillo de Ciudadanos, vaya usted a saber qué Gobierno se consigue formar.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
17 votos
Comentarios

Rivera pasa la llave a Iglesias