Opinar

Jaime Gómez Márquez EN LÍNEA

OPINIÓN

16 jun 2019 . Actualizado a las 05:00 h.

Cuando alguien expresa su opinión en un periódico se expone a la crítica por parte de los lectores; esto es así porque, afortunadamente, no todos opinamos lo mismo, somos una sociedad plural. A casi nadie le gusta que le critiquen y, mucho menos, que le insulten o tergiversen sus palabras, pero los que nos atrevemos a opinar (no a pontificar) debemos asumir ese riesgo, incluyendo que nos encasillen en una ideología y/o pasemos a formar parte de listas blancas o negras. Obviamente, también nos gustan los comentarios elogiosos y comprobar que hay personas que, sin conocerlas, sintonizan con tu forma de pensar. Para mí lo importante es ser sincero, sin faltar a la verdad, y respetuoso (en relación con esto último alguna vez me han pedido, con toda razón, moderación en el lenguaje).

Viene esto a colación de un artículo que publiqué en este periódico (Reyes, 4/6/19) y de los comentarios sobre el mismo que aparecieron en la página web del periódico. No sé quiénes son los autores de esos comentarios, porque sus nombres aparecen en forma críptica, pero lo mismo que ellos/as conocen mi nombre me gustaría saber quiénes son, aunque supongo que hay una justificación para ocultar su verdadera identidad. A veces quisiera responderles pero es evidente que esto es inviable e incluso poco conveniente. En todo caso, gracias a todos por tomarse una parte de su tiempo para aplaudir, censurar o rebatir mis opiniones.

Voy a hacer una excepción y matizar lo que yo pienso en relación al mencionado artículo. Viene a decir uno de los comentaristas que los que criticamos todo el exceso mediático que siguió a la muerte de Reyes somos unos «hipócritas y envidiosos». Como supongo se refiere a mí, quisiera decirle que tengo muchos defectos, pero ni soy hipócrita ni envidioso. En contra lo que piensa esta persona, para mi el hecho de que el fútbol genere mucho dinero y de que miles de aficionados del Sevilla u otro equipo vayan al estadio a ver un partido o lo vean por televisión no justifica en absoluto lo que hemos visto, leído y oído estos días. Siempre entendí que el deporte debería ser un entretenimiento y no un motivo de tristeza o alegría desmedida, y mucho menos un pretexto para la violencia verbal y física. A los que justifican los excesos de todo tipo asociados al negocio-espectáculo del fútbol profesional, solamente quiero decirles que cuando llega lo importante -la educación, la salud, la vivienda, la alimentación- el fútbol no se lo va a proporcionar o solucionar, como mucho les va a entretener, lo cual reconozco que a veces no es poco. Del fútbol unos pocos viven muy bien a costa de la devoción y, a veces, el sacrificio de muchísimos más.

Para finalizar esta breve reflexión voy a hacer un giro de 180 grados y darles la razón a quienes me han criticado. Quiero decirles que me parece magnífico que la gente llore y haga homenajes a quien le de la gana, que los telediarios en vez de abrir con el último avance de la medicina o la física lo hagan con la boda de tal famoso, que un futbolista de élite gane muchísimo más que un catedrático, un periodista, un bombero, un médico, un ingeniero o un guardia civil, que las empresas paguen un dineral porque su producto lo promocione un famoso del deporte, la farándula o el cine, etcétera. En una sociedad libre cada uno es libre de hacer o pensar según le dé la gana (siempre que se respete la ley). Allá cada cual con su conciencia, su dignidad y su dinero. Y como digo casi siempre: puedo estar equivocado, pero es lo que pienso.