El martes Pedro Sánchez recibió a Pablo Iglesias en el Congreso de los Diputados para acuñar un nuevo concepto político, el «gobierno de cooperación». Desde su irrupción en escena, el presidente del Gobierno utiliza su físico como mensaje en una adaptación muy de los tiempos de la clásica máxima de McLuhan. En Sánchez el medio es él mismo, por eso hay que estar muy atentas a lo que se pone y a cómo se lo pone. Ese día, después de varios en los que un Iglesias mimosón se quejaba de que Pedro no le contestaba a los mensajes, el socialista resistente compareció en camisa lila y corbata morada. Fue la contestación en diferido a aquella interpelación que el Iglesias vanidoso de enero del 16 le cascó a una periodista en plena rueda de prensa, cuando se repartió el consejo de ministros antes de tenerlo: «Precioso abrigo de pieles trae usted», proclamó Pablo desde el cielo que entonces asaltaba, justo antes de que la tierra lo engullera. Sánchez tiene otro estilo. Y en ese lazo morado había tanto mensaje como en la cínica interpelación de un Iglesias que enseguida empezaría a ser errático.

Los hombres tienen menos ocasiones de lanzar consignas de vestuario, pero las que tienen son muy eficaces. En la toma de posesión de Sánchez, con la tensión republicana entrando por el este, Felipe VI exhibió una rechamante corbata verde (Viva El Rey De España), la prenda más monárquica del ropero español. Y en los años en los que Rodrigo Rato era el tipo más listo de España, el hoy presidiario estableció un código de vestimenta para que se identificara a la primera a los miembros de su clan. En aquellos años, portar una corbata rosa te ubicaba a la primera en el exclusivo entorno del superministro, un grupo llamado a redimir España que hoy picotea por las prisiones del país.

EL LAZO NEGRO DE NAPOLEÓN

La primera corbata política puede que fuera la de Napoleón, fiel al mismo lazo negro con bordes blancos que solo se cambió el 18 de junio de 1815, justo el día que perdió en Waterloo. Toda la revolución francesa está llena de mensajes a través de la ropa, empezando por los sans culotte que tomaron la Bastilla. En la Francia posterior a 1789, el negro era el color de la corbata de los revolucionarios y el blanco el de los partidarios del antiguo régimen.

La corbata más aparatosa de la historia la exhibió el elegante Lord Brummell, una tela tan fastuosa que necesitaba dos mozos de vestuario para doblegarla. Brummell está considerado el primer dandy de la historia, responsable de algunos de los códigos de vestimenta del presente. Su historia también es la del triunfo a través de la actitud, una estrategia en la que la ropa jugó un papel esencial. Cada día destinaba más de dos horas a vestirse, y el proceso era seguido por un grupo de amigos que asistían estupefactos al espectáculo. Todo un anticipo de los tiempos.

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FOTO: ZIPI | EFE

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