Desprecio a las normas


El coche de Reyes parece que circulaba a más 200 kilómetros por hora. El conductor kamikaze de Coirós no llevaba puesto el cinturón y poco antes, cuando salía de una vinoteca, había chocado contra un coche aparcado y se fue del lugar sin más. Las calles de nuestras ciudades están atestadas de coches en doble fila, se aparca en las esquinas impidiendo la libre circulación de las personas con movilidad reducida, no se respetan los ceda el paso y no digamos ya las rotondas.

 Esas conductas tienen un denominador común: el desprecio de las normas de tráfico, la pérdida del más elemental sentido de la prudencia (es una virtud ética, por si no lo sabían) y no pensar a priori que con mis acciones puedo molestar o perjudicar a los demás. Nunca la ética ha estado tan alejada de nuestras vidas. Suena catastrofista, pero es lo que hay.

Los políticos llevan años echando leña al fuego: primero, haciendo de la escuela un campo de batalla en vez de un terreno abonado para el consenso y la concordia; no menos grave, en segundo lugar, es su desprecio al imperio de la ley, con ejemplos mil. Esto no se soluciona con una asignatura de educación vial: lo que hace falta es que la gente comprenda que las normas hay que cumplirlas por nuestro bien y el de los demás. Vamos, el abc de la ética.

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