El «Black Mirror» de Chicho


Decir Chicho Ibáñez Serrador es decir Un, dos, tres, calabaza Ruperta, Historias para no dormir, una colección de imágenes prendidas en la memoria por una razón que el creador resume en el Imprescindibles que repuso TVE para recordar su figura: trabajó pensando siempre en el público, poniendo como listón aquello que a él mismo le gustaría ver desde su sofá y empleando un criterio que conectó con el de millones de personas.

Pero su clarividencia para el entretenimiento fue mucho más allá de sus obras más populares. Asustar con la tecnología ya era un recurso efectivo mucho antes de que existieran los móviles, Internet y las redes sociales y este homenaje a Chicho permitió comprobar el paralelismo entre su serie de ciencia ficción Mañana puede ser verdad, de principios de los sesenta, y la turbadora Black Mirror. En el capítulo NN23, personas enchufadas a «telencéfalos» se evaden como el capitán Daly y los viajes virtuales de su interfaz cerebral en USS Callister. La distopía en blanco y negro de Ibáñez Serrador muestra a un directivo exaltado que descubre que 20.000 personas han desconectado su aparato y se han dedicado a la ilícita actividad de pensar. «¡Así nacen las revoluciones!», vociferaba. No en Netflix en el siglo XXI, sino en la televisión de la dictadura franquista. Si el episodio logró burlar la censura fue porque el tirano gobernante decía «camarada».

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