El gobierno de los ineptos


E l 9 de agosto de 1644, en plena guerra civil inglesa, Paul Gosnold pronunció un sermón ante el Parlamento, reunido en Oxford. En él se empleó por primera vez la palabra kakistrocracy. Está construida con dos voces griegas, kakistos (‘peor’) y kratos (‘mandato’) y significa ‘gobierno de los peores’. Volvió a usarse ocasionalmente en el siglo XIX y quedó en el olvido, hasta que los críticos con Ronald Reagan, el vaquero de las películas que llegó a presidente de Estados Unidos, la rescataron en 1981. Desde entonces, Gobiernos de todo el mundo han logrado mantenerla vida.

Lo que le dio un impulso definitivo fue la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca. La viralizó John O. Brennan, exdirector de la CIA, cuando en abril del año pasado le dirigió este tuit a Trump: «Su kakistocracia está colapsando».

La proliferación de Gobiernos populistas en Europa y América ha contribuido a la difusión del término, con la consiguiente adaptación a otros idiomas. En español, como tantas veces, nos hemos liado con la palabra. La forma más usada es kakistocracia, que conserva las kas, seguida de caquistocracia, más académica. Un nivel de uso similar al de esta lo tiene cacocracia. En español hay una vieja tendencia a representar el fonema /k/ con c o con q, pero nada impide usar la k, presente en muchos helenismos y en préstamos del inglés. También aquí se hecha en falta el papel unificador que puede esperarse de las academias de la lengua. Aunque quizá estén aguardando a que el uso se decante por una de esas formas para incluirla en el Diccionario.

El griego kakistos, que está en el origen de caquistocracia, es el superlativo de kakos, que significa ‘malo’, además de ‘sórdido’, ‘sucio’, ‘vil’... De ahí que, hilando fino, pueda interpretarse que cacocracia es el gobierno de los malos, y caquistocracia, el de los peores, aunque se suele ver en esas voces solo dos variantes del mismo sustantivo. Hay quien evita cacocracia por temor a que pueda interpretarse como el gobierno de los cacos, los ladrones. Aunque esa forma de gobernar, caracterizada porque en ella prima el interés por el enriquecimiento propio a costa de los bienes públicos, tiene un nombre en español, cleptocracia.

En las últimas semanas hemos votado a quienes han de gobernar el país, los ayuntamientos y otras Administraciones en los próximos años. Pronto sabremos si hemos elegido a los buenos, a los malos o a los peores.

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