Pareciera que, luego de todas las rupturas que han tenido lugar en estos cuatro años, las fuerzas constituyentes de En Marea se encuentran sorprendidas por cuanto les ha venido sucediendo desde que allá por el 2015 decidieran constituir En Marea como partido instrumental. Los años y las políticas desarrolladas no fueron buenas, a pesar de los excelentes resultados conseguidos en el 2015 e incluso en el 2016. Por más que en el espacio político gallego durante estas dos legislaturas la situación se haya destacado por las desavenencias y conflictos internos, singularmente en Podemos y entre los integrantes del partido instrumental. Muy visibles en el grupo parlamentario de En Marea en el Parlamento gallego, donde son la segunda fuerza. Son esos conflictos de intereses los que explican la ruptura electoral.
Los resultados del 28 de abril reflejan fielmente los problemas. Por un lado En Marea obtenía 17.000 votos, un 1 % del total. Por otro, En Común, la coalición de EU y Podemos, obtuvo 236.000 votos, un 14,6 %, y dos diputados. Aunque los resultados de En Común nada tienen que ver con los de la En Marea de Villares, la satisfacción de Unidas Podemos solo se explica desde el alivio por obtener representación parlamentaria.
Anova, la otra formación política, decidió no presentarse a las elecciones del 28 de abril. Ni con unos ni con otros. Lo que no le evitará verse subsumida en la debilidad política. En Común Podemos dejó que las candidaturas gallegas se construyeran acudiendo a las prácticas tradicionales de los viejos partidos. No es otro el caso de la primogenitura de Yolanda Díaz, en una práctica cunera, trasladándose de A Coruña a Pontevedra en función de poderes internos con Podemos y posibilidades electorales. Quizá explicable por su ascendencia en el entorno de Pablo Iglesias e Irene Montero. En coincidencia quizá con el reverdecer de las críticas a las donaciones sanitarias que, por no olvidar, nacieron en entornos pontevedreses hace unos años.
En Marea, y su grupo parlamentario sufrirán nuevas convulsiones, derivadas de aquellas de Unidas Podemos y su crisis. El papel que de lo que quede de todo ello pueda jugar en el futuro de Galicia es una incógnita, lejos de cualquier optimismo.