La ciencia china ganará


La condición de primera potencia mundial de los EE.UU. se sustenta, sobre todo, en su liderazgo en ciencia y tecnología. El reciente bloqueo de Trump a Huawei no hace más que evidenciar el miedo a perder esa condición y destapar la guerra que le ha declarado hace tiempo a China en el campo científico. Esto acelerará el ya rápido despertar del gran dragón. 

Con pocos días de diferencia he hablado con dos premios nobel de disciplinas distintas, de dos países distintos y hasta de generaciones distintas y, en el curso de la conversación, me dijeron, de modo espontáneo, que están viajando de manera habitual a China para montar allí laboratorios similares a los suyos. La estrategia está clara: quieren aprender de los mejores sin escatimar gastos, para después volar solos. Su política científica tiene una planificación sostenida a largo plazo y estable: un ingrediente del éxito, complementado con buena formación.

El matemático Cédric Villani (Medalla Fields 2010) me comentaba hace tiempo que, mientras los adolescentes europeos aprenden a hacer derivadas, los de algunos países asiáticos empiezan ya a hacer ecuaciones diferenciales (algo que está un paso más arriba).

Trump ha dado el primer golpe, pero ojo a la respuesta. Un móvil está hecho de hasta 65 elementos químicos, muchos de ellos más escasos que el oro. En esta misma columna alertaba yo hace ocho años de que el 95 % de la producción mundial de algunos de ellos (los llamados tierras raras) estaba en manos chinas. ¡Ay si cierran el grifo!

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