Los políticos son maestros en no afrontar la verdad. ¿Quién tiene la culpa de estas cifras? ¿Los vecinos? ¿Alguien obligó a otro a elegir su papeleta ayer? Si los resultados valieron hace cuatro años, hoy será lo mismo. De la ilusión de la crecida de las Mareas a ahogarse en ellas. Xulio Ferreiro logró en el 2015 un total de 36.857 votos. Martiño, 16.704. Jorge Suárez, 7.230 en Ferrol. El ex alcalde de Coruña sumó ayer unos 25.000 votos, me salen 11.000 menos que los que tuvo hace nada. El ex regidor de Compostela, unos 7.000 menos. Y el de Ferrol, de traca, con solo 3.600 puede tener una concejalía (que sea de fiestas). Nada como los números totales, el marcador final, para desnudar a los personajes. Grandes carreras políticas empantanadas en las alcantarillas, en la limpieza de la basura, en ese deber implacable de tener que trabajar todos los días, de sol a sol. El ego (ese inmenso eco de vanidad amplificado por los que les rodean separándoles de la calle), digan lo que digan, no les dejará rumiar la realidad. La culpa será de los demás. De los medios, por supuesto. Esos canallas. De la falta de apoyo de otras administraciones. Nunca de quienes llevan cuatro años en los despachos. Así dormirán tranquilos el desastre.
Ilusión no rimó con gestión. Ese el verso de la noche del 26M. La gente, esa que tanto han mentado, lo que quiere es farolas, avances, planes de empleo, movimiento, no alcaldes con la ele de prácticas. Y eso es lo único que ha quedado patente ayer. Pero sigamos con números totales, a ver si se dan cuenta de que lo tuvieron que hacer mal. Abel Caballero pasó de 73.533 votantes hace cuatro años a los 101.000 de ayer. Son 28.000 convencidos más. Lores se mantiene en cifras altas, de 17.050 a 16.000, aunque baja. Pero ahí está Abel, con su particular manera de hacer las cosas en Vigo y te encuentras ese salto de récord que ni Bob Beamon. ¿Por qué será? De mirarse al ombligo y echar balones fuera y la culpa al resto del mundo no es, seguro. Ha arrasado Abel, presidente de la Panorama, por hacer los deberes.
Menos asesores y más dar la cara con aquel vecino que un día creyó en ti y que terminó sin entender nada, amargado y cambiando el voto. No ha sido solo la ola de Sánchez, al que le sale todo. No ha sido solo un puñado de papeletas que introdujeron en las urnas cuatro cabreados. No hay voto más claro que el local. La gente vota sobre las calles que pisa. Sobre los comercios que ve que no abren o que únicamente cierran. La culpa no es de la ONU ni del Contubernio de Munich. Han sido cuatro años de autocomplacencia. Ya saben, es el vecino el que vota al alcalde, etcétera...