Vaya pájaro

Tamara Montero
Tamara Montero CUATRO VERDADES

OPINIÓN

H an pasado más de 25 años desde aquella noche de resurrección acharolada de los parias de la tierra. Había remendado sus heridas con hilo brillante y recompuesto aquella piel tanto tiempo lacerada. Después de tantos años, por fin enseñaba las uñas. Y vaya, estaban bien afiladas.

Desde entonces, no he vuelto a ver un brillo igual en una pupila asomándose por detrás de una máscara. Esa mirada abrasadora, tan fría como el hielo que palpita en quien ha sentido tanto que ya no siente nada. A mis pesadillas se asoma a veces la melena grasienta y encrespada de un villano aterrador. Quizá todavía viva en aquellas alcantarillas en las que se deslizaba con una pechera bien almidonada.

Y cuando creía que no podría perdonarlo por abandonarme en aquella Gotham si cabe más oscura, más perturbada, me reconcilié con su capacidad de interpretar un trocito de su vida en una comedia negra con reminiscencias mexicanas. En un infinito plano secuencia, un actor venido a menos intenta hacer teatro, pero el personaje todavía lo atenaza. Entre bambalinas Emma Stone, Edward Norton, Naomi Watts y él. Una historia a medida para renacer como un ave fénix. Vaya pájaro, pensaba. Y ahora que tenemos en camino un nuevo superhéroe, me acuerdo de aquella mirada de hielo que se me clavó en la infancia. Lo reconozco. Como Michael Keaton no he conocido a otro Batman.