¿Ha dicho culebrón?


A Luis Tosar lo crujieron cuando reveló que había desechado una oferta de Juego de tronos. Por rehuir este entretenimiento de culto le sacudieron al actor más mandobles que si hubiera empuñado el acero valyrio y se hubiera lanzado a combatir con la Guardia de la Noche. Sin temor a las críticas, se confesó hace tiempo ante Buenafuente: «Tiene una grandísima factura, pero me parece un culebrón». ¿Culebrón? ¿Ha dicho culebrón? Aquella palabra sonó a sacrilegio para millones de seguidores de una serie que, para sus fieles acólitos, se ha caracterizado por alterar las normas, por romper las cadenas de lo previsible, por cargarse a personajes que parecían destinados a perdurar.

Varios años y capítulos después, el eco de la voz de Tosar resuena como el temor a una profecía que es preciso conjurar mientras algunas tramas se tambalean apresuradamente hacia su final. ¿Ha dicho culebrón? ¿Culebrón como Cristal, que paralizaba a España a principios de los noventa con audiencias de Champions a la hora de la siesta? ¿Culebrón de los que acaban con el triunfo del bien y la justicia? ¿Culebrón medieval camuflado en sangre, sudor y dragones? No será fácil subir tan alto como Juego de tronos, sorprender en cada pirueta y conseguir caer de pie, complaciendo por igual a todos los que teorizan, diseccionan e interpretan cada detalle como nunca antes se había visto en televisión.

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