Argelia y Libia, dos problemas


La vorágine de las elecciones está desviando la atención sobre los acontecimientos que están sucediendo en el Mediterráneo y que son muy importantes para los intereses económicos y geoestratégicos de nuestra política internacional en Magreb. Las elecciones en Argelia y el enfrentamiento armado en Libia son cuestiones que merecen nuestra atención. Somos el segundo cliente de Argelia, tras Italia, y el cuarto proveedor a ese país después de China, Francia e Italia. Tras Marruecos, Argelia es nuestro principal comprador en África. Argelia es también nuestro principal suministrador de gas con más del 51% del consumo español. La estabilidad en ese país nos debe preocupar ya que -además de los intereses económicos, donde están pendientes regulaciones comerciales liberalizadoras que afectan a productos energéticos, agua y construcción- su desestabilización afectaría a Marruecos y al Sáhara.

 Las protestas contra Buteflika han desembocado en su retirada para un nuevo mandato presidencial y en un retraso de las elecciones para el mes de julio bajo la tutela del Ejército y del omnipresente FNL. Mientras tanto, siguen las protestas pidiendo mayor democratización. No es probable que esas protestas deriven en actos graves de violencia, ya que los argelinos todavía recuerdan la devastadora guerra civil entre el Ejército y el Grupo Islámico Armado que se cobró más de 200.000 víctimas en los años noventa.

El caso de Libia es más grave. Libia es un Estado fallido. El derrocamiento de Gadafi en 2011 trajo consigo el enfrentamiento, desde 2014, entre clanes tribales que ha derivado hacia una guerra civil entre dos facciones con epicentros en las ciudades de Tobruk y Trípoli. En Tobruk manda el ENL (Ejército Nacional Libio) liderado por el general rebelde Jalifa Haftar, teórico antiislamista, con el apoyo de Egipto, Arabia Saudí, Emiratos Árabes y, veladamente, de Francia y Rusia que le nutre de armas. En Trípoli manda el primer ministro libio Fayez Sarraj con el visto bueno de la ONU. A Sarraj le apoyan Turquía, Catar e Italia. EE.UU. mantiene una posición ambigua pero parece inclinarse por Sarraj aunque Haftar era el interlocutor con la CIA americana cuando este general era aliado de Gadafi.

Libia es ejemplo de la debilidad de la UE en cuanto a la política exterior, como lo demuestran las posiciones contrapuestas de Francia e Italia. De España, ausente, no sabemos nada. Estamos a verlas venir para ver cuál de las facciones gana. Libia tiene nuestro interés porque, además de la presencia de Repsol y de Cepsa, porque es un factor de desestabilización debido a los grupos terroristas que allí campan, y a los traficantes de personas subsaharianas a las que esclavizan porque quieren venir a Europa, convirtiendo el Mediterráneo en una fosa mortuoria inaceptable.

Por Luis Grandal Periodista y profesor de Periodismo Internacional en la Universidad Carlos III

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