Viaje al ridículo

Ernesto Sánchez Pombo
Ernesto S. Pombo EL REINO DE LA LLUVIA

OPINIÓN

08 may 2019 . Actualizado a las 05:00 h.

Podíamos habernos evitado este viaje al ridículo a nada que se hubiese aplicado la cordura y la sensatez. Pero parecemos empeñados en hacer las cosas mal y dar oxígeno a quienes después lo utilizan en nuestra contra. Se envalentonan, sacan pecho, nos ponen como ejemplo de lo que no se puede hacer y además nos amenazan con exigir responsabilidades por el atropello.

Y es que el episodio del veto por parte de la Junta Electoral al fugado Puigdemont y dos de sus fugados ex consellers es un buen ejemplo de lo que no se debe hacer porque podía haber transcurrido por otros derroteros, a nada que se hubiese sido mínimamente previsible, y así ahora no tendríamos a los afectados acusándonos de no entender la democracia y anunciando acciones legales. Si dos juzgados de Madrid, la Fiscalía, el Supremo y cuatro miembros de la Junta entienden que no concurre causa de inelegibilidad para que Puchi sea candidato, resulta difícil justificar los criterios aplicados para el veto inicial.

Pero es que, además, el episodio sirve para poner en evidencia lo mal que se están haciendo las cosas. Porque por si la rectificación no fuera suficiente, las sentencias denuncian que la situación de rebeldía de los escapados es «directamente imputable» a la decisión que tomó el juez Llarena al retirar «unilateralmente y por propia voluntad las órdenes de extradición emitidas contra ellos», y recuerdan que el tribunal alemán de Schleswig-Holstein ya había acordado la entrega del evadido Puigdemont, por lo que es «indiscutiblemente falso que la situación de rebeldía procesal en la que se encuentra en España le sea imputable personalmente», dicen.

No solo los fugados, todo el independentismo catalán ha cogido aire, convencido de que va por el buen camino y de que éste es un episodio más dentro de una carrera que se prevé larga y enrevesada. Pero, aun sabiendo que de ser elegidos no podrán ejercer como eurodiputados, con episodios como el de la Junta Electoral lo único que se logra es dar victorias anímicas y emocionales que a nada conducen. Ha sido un viaje a lo absurdo. Y al ridículo.