¡Es la oxitocina, estúpidos!

Javier Guitián
Javier Guitián EN OCASIONES VEO GRELOS

OPINIÓN

ANDY RAIN

La idea de que vivir con un animal puede tener una influencia positiva en la salud humana ha sido abordada en numerosas ocasiones, comprendiendo aspectos fisiológicos, psicosociales y terapéuticos. Así, la presencia de las mascotas ha sido relacionada con un mayor índice de supervivencia después de infartos, reducción en los niveles de presión arterial, incremento y facilitación de interacciones sociales, etc.

Pues bien, un artículo recientemente publicado en la revista Science ha analizado los sistemas de comunicación similares a los humanos, de manera concreta la mirada mutua entre estos y los perros. El artículo muestra que cuando un perro y su amo se miran a los ojos, ambos disfrutan de una descarga de oxitocina que refuerza el vínculo afectivo entre ellos. La oxitocina, conocida como la hormona de la felicidad, es clave para reforzar el vínculo afectivo entre madres e hijos durante la lactancia.

Adicionalmente, cuando la hormona se administra por vía nasal aumenta el comportamiento de observación en los perros, lo que a su vez incrementa las concentraciones de oxitocina en orina en los propietarios. Estos resultados apoyan la existencia de un bucle positivo mediado por oxitocina entre especies, facilitado y modulado por la mirada, que puede haber apoyado la vinculación entre humanos y perros mediante el uso de modos comunes de comunicación.

En resumen, cuando miramos a nuestros perros a los ojos sentimos una sensación de bienestar resultado de un proceso químico que, como también muestra el artículo, no se manifiesta con los lobos. Esto sugiere que los modos de comunicación similares a los humanos, incluida la mirada mutua en perros, pueden haber sido adquiridos durante el largo proceso de su domesticación.

Verán. No es que me haya levantado con la vena animalista, simplemente me ha conmovido el leer en el periódico que en la parroquia de San Fiz de Asma, en Chantada, un perro lleva seis meses sin moverse de una cuneta. El animal apareció por primera vez a finales del año pasado, algún día entre noviembre y diciembre, en el paraje que los vecinos de esta parroquia chantadina conocen como Mazaira. Sé que no es la primera vez que pasa ni será la última, pero me sigo preguntando qué puede haber ocurrido para que el perro este en esas circunstancias.

Hay quienes dedican su tiempo al cuidado y adopción de estos animales solo a cambio de esa mirada de agradecimiento, de esa descarga hormonal que les hace más afortunados. En sentido contrario, hay también quienes critican el excesivo cariño con el que muchos humanos tratan a sus mascotas o quienes son capaces de abandonar a un perro en una cuneta; deberían pensárselo dos veces porque, aunque no lo sepan, ¡es la oxitocina, estúpidos!

Me gustan los perros, son fieles, te hacen compañía y no hablan de política. Mirar a Turba, mi perra, me hace sentir bien y, ahora que sé lo de la oxitocina, sé que ella se siente igual.