«Notre Drame»


Así titulaba Libération la tragedia del incendio de Notre Dame de París. Mucho se ha escrito acerca del desastre que supone la destrucción de la joya del gótico europeo, el incendio de un lugar clave en la historia de Europa que vio coronar reyes, casarse a Napoleón, quemar maestres templarios, desfilar al general De Gaulle o enamorarse a Quasimodo.

Pero más allá de lo real del llanto de los parisinos, de la generosidad de los magnates y de las sempiternas velas de desahogo, la destrucción de Notre Dame es una herida simbólica en el corazón de Europa y la pérdida de una las patas de su estructura, el cristianismo, que junto a la filosofía griega y el derecho romano constituyen el ser europeo.

Símbolo viene del griego symbolon, que quiere decir «lo que se une» -al contrario de diábolo, que significa «lo que separa»-.

Es más que sugerente que en estos tiempos diabólicos de laicismo e individualismo militante venga a producirse la destrucción de uno de los símbolos más relevantes de eso que llaman Europa.

Es relevante que el fin de los imperios y/o las grandes culturas casi siempre hayan tenido como protagonista al fuego: el incendio de la biblioteca de Alejandría, la Roma de Nerón o la caída de las torres gemelas son algunos ejemplos de lo que este jinete de la Apocalipsis es capaz de derrumbar.

La destrucción de Notre Dame simboliza la destrucción de algo más profundo sin tener que recurrir a especulaciones o advertencias como la del médico y astrólogo Michel de Notre Dame, más conocido como Nostradamus, quien en 1555 publicó su poemario Les Prophéties. En ese texto, hecho de argumentos numéricos y astrológicos, Nostradamus sitúa en el 15 de abril del 2019 el siguiente apunte: «Un símbolo de la cristiandad en Francia o España arderá en fuego purificador. Nuestra Señora llorará por todos nosotros y brillará en la lejanía. Con la entrada de la primavera una iglesia de todos los tiempos arderá».

Patrañas de un chiflado visionario del siglo XVI que para el presente año también se atrevió a profetizar: «Dos veces levantado y dos veces abatido. El Este también debilitará al Oeste. Su adversario después de varias batallas perseguidas por el mar fallará en el momento de necesidad», afirmación en la que muchos de sus augures quieren ver el inicio de una tercera guerra mundial de 27 años de duración, para más datos.

Tonterías sin fundamento científico que también profetizan la secesión de Cataluña y su conversión en la primera República Islámica en Europa, tras aceptar sin condiciones la inyección económica del Golfo Pérsico.

Sea lo que fuere o lo que haya de ser, lo cierto es que la destrucción de los símbolos resulta inquietante sin necesidad de videntes centenarios que vengan a revelarnos tragedias futuras.

Hoy Notre Dame de Paris es Notre Drame de Occidente.

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