«Kale borrocat»

Roberto Blanco Valdés
Roberto L. Blanco Valdés EL OJO PÚBLICO

OPINIÓN

David Zorrakino - Europa Press

14 abr 2019 . Actualizado a las 05:00 h.

El tan gravísimo como inadmisible intento de agresión que sufrió este jueves Cayetana Álvarez de Toledo, candidata número uno del PP al Congreso por la provincia de Barcelona, reúne todos los ingredientes de aquella kale borroka por medio de la cual el nacionalismo radical sembró el pánico durante años en el País Vasco y en Navarra. De un lado, una jauría de jóvenes fanatizados, decididos a administrar por la fuerza la libertad de los demás; del otro, la connivencia de las autoridades regionales, que, contra la sensatez más elemental, no enviaron a la policía autonómica a proteger la celebración de un acto público que, según resultaba más que previsible, sería objeto de la coacción por parte de los cachorros violentos del separatismo. 

Y es que la brutal embestida de lo que debe denominarse con toda propiedad kale borrocat contra una ciudadana que pretendía asistir en una dependencia de la UAB al coloquio programado en defensa de Europa, con la participación de Maite Pagazaurtundua (eurodiputada de UPyD), Rafael Arenas, catedrático universitario, y Alejandro Fernández, politólogo y presidente del PP catalán, fue precedida ya de otros ataques. Dos días antes, y sin que los mossos hicieran nada para impedirlo, los organizadores del acto, jóvenes del grupo constitucionalista S’ha Acabat, fueron agredidos por los mismos matones que quisieron impedir que Cayetana Álvarez de Toledo asistiese a un acto que sencillamente no le gustaba a los secesionistas.

Aunque todo ello es ya muy grave, pues indica que el separatismo radical se adueña más y más del espacio público ante la cómplice inacción de una Generalitat que siente tanta simpatía por los agresores como desprecio por los agredidos (salvando todas las distancias, otra vez la indecencia del árbol y las nueces), lo es aún más que algunos medios de comunicación catalanes califiquen de antifascistas a los camorristas, lo que pone de relieve la completa y atroz subversión de los valores democráticos que se vive desde hace tiempo en Cataluña.