Santa Campaña


No sé cómo interpretar esto de que la campaña electoral caiga por primera vez en Semana Santa. Si hubieran convocado las elecciones otros, quizá podría significar un intento de prepararnos mejor para la Pasión o de que aprovecháramos estos días, tan a propósito para considerar los fines últimos, para reflexionar más detenidamente nuestro voto. Pero viniendo de un gobierno cuya portavoz y ¡ministra de Educación! llegó a decir que no quería utilizar la palabra infinito por su significado religioso, con independencia de lo que los matemáticos y otros científicos puedan pensar, con independencia del disparate, digo, no parece verosímil que un gobierno así de laico haya manejado un motivo de carácter místico para decidirse por estas fechas de campaña. El criterio debió de ser otro.

También estamos, salvo error por mi parte, ante la primera campaña electoral en época de vacaciones. Es decir, en época de salir nosotros de viaje y en época de recibir a los muchísimos que vienen a vernos. Época de caravanas y de atascos kilométricos, y de accidentes y de grandes operaciones de tráfico con millones de desplazamientos. Tiempo en el que las gentes tienden a agolparse en las carreteras, en las procesiones y en las pistas de esquí antes que en los mítines. De ayer por la tarde hasta el lunes de Pascua, puede decirse que la España que no está descansando atiende turistas.

Quizá no quedaban fechas o quizá alguien nos quería distraídos, sin debates ni cosas de esas que te obligan a explicarte y, peor todavía, permite que los otros se expliquen. Quizá alguien pretendía achicar espacios al rival y proteger de sí mismo al candidato. No sé cómo pueden dudar algunos de Iván Redondo.

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