¿Y si el PSOE no necesita a Torra?

Europa Press

Las encuestas son tozudas. En febrero, cuando Pedro Sánchez anunció el adelanto electoral, todas auguraban una corta victoria electoral del PSOE. Desde entonces, registran variaciones en el seno del pelotón, pero todas certifican que la distancia entre el líder de la carrera y sus perseguidores sigue aumentando. Las dos publicadas ayer, realizadas por GAD3 y Gesop para los diarios Abc y El Periódico, lo confirman: el PSOE ya alcanzaría o rebasaría la cota del 30 %, diez puntos por encima del PP.

Ambas encuestas coinciden casi milimétricamente en el reparto del voto entre las cuatro principales fuerzas en liza, si bien se diferencian a la hora de traducir esos porcentajes en escaños. Las dos señalan que PSOE y Ciudadanos, de hacer las paces, contarían con una holgada mayoría absoluta para gobernar. La del Abc introduce, además, una novedad relevante: Pedro Sánchez va camino de no precisar el apoyo de los independentistas catalanes para ser investido presidente. Si obtiene 139 escaños -el sondeo le otorga entre 137 y 139-, le bastarían los 30 diputados de Unidas Podemos, los seis del PNV y el único de Compromís para conformar una mayoría parlamentaria. ¿Y si, finalmente, el PSOE no necesita a Torra y adláteres?

 Los sondeos evidencian que la derecha ha equivocado su estrategia de campaña. Se lo juega al todo o nada: o Gobierno a la andaluza, con el apoyo de los generales franquistas que Vox lleva en sus listas, o Gobierno Frankenstein, respaldado por los separatistas catalanes. Craso error el haber planteado ese órdago. Primero, porque las supuestas cesiones de Sánchez al independentismo ya están descontadas. Con esos apoyos «espurios» triunfó la moción de censura, el PSOE mejoró sus expectativas y los más indignados con Sánchez abandonaron el PP o Ciudadanos para enrolarse en las filas de Vox. Segundo, porque la confrontación entre bloques, cada uno con su penitencia a cuestas -los fardos de la ultraderecha y del secesionismo-, tiene el efecto de sacudir y agitar a la izquierda, de movilizar a esos ciudadanos que, como sucedió en Andalucía, barajaban quedarse en casa. Y tercero, porque todo aquello que se salga de la disyuntiva entre la unidad de la patria o la ruptura de España, ya sea la resurrección de asuntos superados -aborto-, sobrevenidos -eutanasia, cloacas y Villarejos- o programáticos -políticas sociales, feminismo-, no hacen sino agrandar las fisuras y acentuar el trasiego de votos entre las tres derechas.

La principal responsabilidad de esa estrategia frentista recae en Ciudadanos. Al vetar al PSOE, encadenarse al PP y abandonar el centro, dejó a Pedro Sánchez en inmejorables condiciones para colonizar su territorio. Y parece que lo está haciendo: la encuesta de El Periódico indica que los votantes naranja que dudan entre Rivera y Sánchez triplican a los que vacilan entre Rivera y Casado.

El envite lanzado por la derecha está siendo nefasto para sus intereses. Pero tal vez acabe por prestar un buen servicio al país, facilite la gobernabilidad y baje los humos a Torra y Abascal.

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